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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 13 febrero 2012

Motor

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La infantería azul toma el circuito
Tras doce horas de viaje, los primeros 300 aficionados asturianos comenzaron a propagar la 'alonsomanía' por el Circuit al ritmo que marcaban las buenas noticias sobre su ídolo
26.04.08 -

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La infantería azul toma el circuito
PASIÓN. Aficionados asturianos ayer en el circuito de Montmeló, dispuestos a apoyar a Fernando Alonso. / JOAQUÍN BILBAO
Salieron a las ocho de la tarde del jueves y llegaron pasadas las siete y media de la mañana de ayer -los más afortunados porque un autocar de la expedición erró el camino, perdiéndose por los vericuetos de carreteras secundarias y hasta terciarias a la salida de Burgos, y no 'amaneció' en el Circuit hasta pasadas las nueve y cuarto-. Los primeros 'soldados' uniformados de la mareona -el Club Oviedo F1 ha repartido polos azules entre sus viajeros para hacer piña- empezaron a tomar Montmeló tras hacer casi del tirón los aproximadamente 950 kilómetros que separan el Principado de Montmeló en autocar.

Ayer escucharon el primer rugir de los motores, se sorprendieron con el renacer de la escudería Renault, contemplaron a unos pocos metros un trompo espectacular del Ferrari del nervioso Massa -cosa que aplaudieron sin rubor- y asistieron a los primeros kilómetros del Dallara del colungués Javier Villa. Hoy verán de primera mano la calificación; mañana serán testigos de las andanzas de su ídolo, y, en cuanto termine el Gran Premio de España, se montarán de nuevo en el mismo vehículo de regreso a Asturias. Otros 950 kilómetros hasta llegar en casa. «Merece la pena», insiste, dando un paso al frente, José Vicente García, presidente de la peña, con gorra calada de Fernando Alonso en la cabeza y camiseta con idéntico protagonista sobre el pecho. Fernando, no Alonso, sino Álvarez, vecino de Mieres, ha estado en el debut en la F-1 de su homónimo en 2001, en el primer triunfo del asturiano en Hungría en 2003, en la celebración del primer título en Brasil en 2005, en la salud y en la enfermedad, y así hasta que la muerte los separe. A él y a Fernando Alonso, claro. Incluso mucho antes. Enamorado del mundo de los monoplazas desde «los veinte años más o menos», se jacta de ser «de los que se apuntan siempre». Recuerda aquella mítica victoria, la primera de la temporada en la Fórmula 3000, en Bélgica.

-Aún veo al 'Nano' montado en aquel monoplaza... ¿De qué equipo era?

-Astromega

-¿Astromega, caray!

Fernando es uno de los primeros 300 aficionados del Principado que viajan a Montmeló -hoy y especialmente mañana llegarán más en autocar y, también, en tren, avión y vehículos particulares, hasta sumar cerca de un millar-, integrante, en su caso, de una de las expediciones más duras, las que lo hacen sobre el asfalto. Y eso que los había que a las ocho de la tarde del día anterior ya cantaban en la estación autobuses de Oviedo aquello de que «el 'Nano', el 'Nano', el 'Nano' es ». Otros reposaban en sus asientos, mientras los responsables del Club Oviedo F-1 y de Marsars, encargada del operativo, guardaban con mucho mimo en los bajos del autocar las banderas y pancartas -sobre todo una nueva, de veinte metros, con la cruz del Principado- que desplegaron ya anoche, en una operación llevada a cabo a última hora bajo un halo de auténtico secretismo, con el circuito ya vacío, en la grada N, santo y seña de la 'alonsomanía' en el trazado catalán. En el andén, a las espera de encontrar hueco en el portaequipajes, más pancartas, banderas de Asturias, pegatinas con lemas a cual más original, cajas de sidra y gaitas.

La caravana, formada por seis 'vagones', salió dividida y se detuvo por el camino a recoger nuevos 'peregrinos'. Entre los pasajeros había de todo. Veteranos como Fernando o novatos como Marisa, que, después de tres años diciendo 'no', esta vez ha decidido acompañar a su novio y a su grupo de amigos, y Pedro, al que unas buenas notas han terminado por convencer a su padre para presenciar en directo la carrera. Unas filas por detrás, Jaime dormitaba sobre el cristal apoyado en un jersey. A su lado, su esposa María y su hijo, esperando que el chófer les dijera cuándo pararán a estirar las piernas.

La hinchada es consciente de que su ídolo no atraviesa por su mejor momento, que la montura de Fernando se ha demostrado como un proyecto fallido, aunque ayer tocara la de cal. Pero, por eso o por cualquier otra cosa, acumula recuerdos, pese a los precios prohibitivos para un bolsillo corriente. Aunque el R28 y no tanto la irrupción del novedoso gran premio de Valencia, señala José Vicente, ha hecho mella en la parroquia alonsista. Sin duda. No obstante, la expedición en autobús, algo así como una penitencia, es mucho más que un medio para asistir a un gran premio. Los aficionados quieren decir yo fui de los que estuvo en Montmeló en el regreso de Fernando a Renault como el que cuenta una hazaña.

En Parets comenzó el desembarco. Aunque quedaban unos dos kilómetros a pie antes de llegar al circuito, saber que el semáforo se pondría en verde en unos minutos -para los primeros entrenamientos libres del fin de semana- hizo que la caminata se hiciera más corta. «Lo peor», decían algunos, «ya ha quedado atrás». Tras un primer contacto de cinco horas con los motores, con las buenas noticias -los dos Renault encaramados a las primeras posiciones-, la goma quemada y el olor a gasolina, la afición se replegó. El Club Oviedo F1 ha cambiado este año de alojamiento. A menor demanda, mayor posibilidad de elección, aseguran. Y han trasladado todo el grupo -que reúne también a aficionados de toda la geografía española, sumando en conjunto unas mil personas- a Pineda de Mar, a apenas unos 50 kilómetros del circuito, donde, en las habitaciones del Hotel Hermes, han montado su centro de operaciones. ENVIADO ESPECIAL

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