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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Motor

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Aliento al campeón
Si Fernando desató el delirio con su pilotaje hasta que el motor de su R28 dijo basta, los 2.000 asturianos desplazados a Montmeló reconocieron su esfuerzo y entrega con aplausos y vítores
28.04.08 -

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Aliento al campeón
LÁGRIMAS. Los aficionados enmudecen con la parada del R28 y una mujer, a la derecha, llora. / BILBAO
Armando fue uno de esos que salieron de Montmeló con los ojos colorados. Alguna patada que otra le dio al asiento y pudo soltar algo de la rabia. María se marchó hacia al autocar, estacionado en la localidad vecina de Parents, destrozada física y psíquicamente -sus ojos se abrazaban al suelo-. José Vicente García y Jorge Fernández, las cabezas visibles del Club Oviedo F1, eran los gemelos de la tristeza. Lucía se quedó un rato parada al pie de una grada N empapelada de banderas y pancartas de apoyo al asturiano, mientras su mirada se perdía en la pista. Emma ya lo había rezado todo en la carrera.

Se desconoce si hay ya algún estudio científico sobre la causa-efecto que está produciendo esta temporada entre los aficionados contemplar las andanzas del fallido R28. Debería preguntarse a un facultativo. Pero está demostrado que provoca arritmias. La última ayer mismo, cuando el motor del Renault del asturiano, que viajaba cómodamente tras el pelotón de los grandes, explotó al paso por la vuelta 34. «¿Alonso se para! ¿Alonso se para! ¿El coche está ardiendo! ¿Mira cómo sale humo!». Un grito, el de Juan, instalado hasta entonces cómodamente en la grada N, que ponía fin a un fin de semana para la ilusión.

Reacción de apoyo

La respuesta de la grada fue contundente. Y, para asombro de aquellos más pendientes de Raikkonen y tocados con ropaje rojo, la reacción de la 'alonsomanía' fue clara y espontánea: «¿Ánimo campeón!», «¿eres el mejor!», «¿Alonso, Alonso, Alonso es...!» Los aficionados se levantaron para despedir y apoyar a su ídolo, mientras los gaiteros se ponían en marcha de nuevo. Nunca un himno, el del Principado, fue entonado tantas veces y por un motivo tan poco habitual -primer abandono en el Gran Premio de España tras siete 'concursos'-.

Fernando puso patas arribas Montmeló, pese a que el motor del R28 se cansara antes de tiempo, en una jornada que quedará grabada en la memoria de los seguidores del Principado. «Con una perspectiva más lejana en el tiempo, nos daremos cuenta del salto que ha dado Alonso en este gran premio», manifestaba Pedro mientras observaba en un pequeño monitor portátil -que se alquila por noventa euros el fin de semana- la repetición del humo del ovetense.

Al mismo tiempo que las esperanzas de los 2.000 aficionados asturianos se desvanecían y Flavio Briatore hacía gestos ostensibles de impotencia en el 'pit-lane', se pudieron ver lágrimas de rabia. Pero, cuando Fernando salió de su coche, se quitó el casco, se dirigió a la 'pelousse' aplaudiendo a su 'caballería' y se puso a hablar con un grupo de seguidores, un estado de locura colectiva se apoderó de las gradas. «No es para menos», decía María. «No nos ha fallado. Al contrario. Lo que hemos vivido ha sido espectacular. Además, este gesto con la gente es de admirar. Tiene clase, ¿no?», añadía, todavía presa de los nervios.

«¿Y ya no va a pasar más?», preguntaba una niña de cinco años a su hermano mayor. «Si lo ves, me avisas», insistía con mirada desconfiada. Eran sólo dos de los miles de seguidores que Fernando trajo a Montmeló. «Dentro de unas carreras, quizás pueda convertirse en rival, al menos, de los McLaren y BMW», comentaba Luis, vestido con el polo azul que el Club Oviedo F1 distribuyó entre sus viajeros. «Es que Alonso arriesga, siempre va al 110%», destacaba su amigo Ángel, mientras abandonaba el circuito. Muchos otros coincidían con él. «Estoy triste por el abandono porque, tras lo del sábado, esperaba que hiciera una buena carrera, pero, visto lo que tiene, ha hecho más de lo que estaba en sus manos», añadía. «Ferrari es, hoy por hoy, el mejor equipo y Renault un equipo del montón», admitía Ana.

Ese fue quizás el único consuelo para los seguidores del bicampeón del mundo en la tarde ayer. Y eso que la jornada comenzó con los ánimos recuperados. Con madrugón -todos en pie a las seis y media-, pero bien. «¿Alonso, Alonso, Alonso!», tronaba el circuito. 132.600 espectadores colorearon las gradas, la pelousse y hasta el último centímetro de asfalto o tierra. «El ambiente es magnífico», sostenía Mariano, mientras admiraba el monoplaza que Red Bull expuso en la Avenida de los Campeones, a la que se ha sumado este fin de semana el tricampeón Nelson Piquet, el padre del compañero del ovetense.

Soñar con el podio

Los bólidos echaron a andar y los motores, sumados a los bocinazos -que no dejaron de oírse desde el mismo momento que los doce autocares de la peña ovetense abrieron sus puertas-, hicieron el ambiente ensordecedor. «Y mira que si se sube al podio...», proclamaba Fernando. Y su sentencia se escuchaba repetidamente entre los que vestían de azul, sólo interrumpida por la potencia del Ferrari de Massa en la salida. «¿El brasileño está dejando en evidencia a Alonso. Míralo. Ha amagado, pero ha terminado por dejarlo pasar!», comentaba Fernando sin quitar ojo a la pantalla que se encuentra delante de la grada N.

La batalla posterior con Lewis Hamilton volvió a levantar al público de sus asientos. Las gaitas resoplaban. Después, el 'safety-car' devolvió la tranquilidad -«la 'aleta de tiburón' del coche de Alonso no para de vibrar, observa»-, pero sólo momentáneamente. Primero porque la parada del asturiano para repostar en la vuelta quince dijo poco a su favor -«que lo haga cinco vueltas antes del resto significa que la crono la hizo con el depósito casi vacío»-. Pero sobre todo al ver estrellarse al McLaren de Kovalainen contra un muro. Un murmullo se apoderó en ese momento de Montmeló. Pero menos profundo que el que surgió con el abandono de Alonso, que, a falta de triunfos, hace del espectáculo y su entrega sus señas de identidad. ENVIADO ESPECIAL

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