
Sánchez Escandón murió con las botas puestas, luchando por salvar la fiesta nacional en Oviedo. Una tarea cada vez más costosa, sobre todo después de la reciente orden de Gabino de Lorenzo de clausurar el coso de Buenavista por «deficiencias» en el graderío y con ello la miniferia.
Sánchez Escandón falleció en casa, junto a su mujer Teresa Corominas. La iglesia de San Juan el Real celebrará hoy el funeral, a las 13.15.
A pesar de que sufría un cáncer de huesos, «hasta última hora, estuvo pensando en que le reservarán el callejón para ir a los toros a León». Escandón deja cinco hijos e seis nietos.
«Un loco de los toros»
Jesús Cañas, presidente de Suerte Natural (empresa que gestiona la plaza de toros), lamentó la muerte «de un gran amigo». Le definió como «un loco de la fiesta del toro». Con su fallecimiento, cree que la peña Julián Cañedo quedará coja, porque «personajes como Bernardo son difíciles de encontrar». Cañas subrayó, además, «la entereza» con la que afrontó en todo momento la enfermedad.
Por su parte, Pedro Cabal, de la peña taurina Julio Robles, también ensalzó la personalidad de Escandón. «Aunque fuéramos de dos peñas distintas, le recuerdo como una persona encantadora, muy amable, extrovertida y alegre». La fiesta nacional se ha quedado huérfana, porque «los toros eran su 'hobby'», completó su viuda.





