
En el Kosovo serbio, con un censo de 115.000 votantes en 23 municipios, domina el Partido Radical, el más férreo defensor de la provincia. Los moderados, representados por la Lista de Serbia para Kosovo y Metohija (LSKM) de Oliver Ivanovic son una voz en el desierto. Creen que un Gobierno de Tadic da más posibilidades para una salida constructiva dentro de la UE. Pero son mayoría quienes piensan como el otro Ivanovic, Milan, un físico que dirige el Consejo Nacional Serbio de Kosovo: «Queremos vivir en Serbia con nuestras instituciones, y el territorio serbio es cualquier lugar donde haya serbios». Esta postura, naturalmente, cobraría vuelo con Nikolic y será más viable una secesión efectiva del trozo norte de Mitrovica, la ciudad dividida en dos por el río Ibar, entre albaneses y serbios.
Es un curioso cambio de papeles en Kosovo, donde los albaneses, que eran minoría en Serbia, vivieron desde los noventa con estructuras paralelas, ajenas a Belgrado. Ahora son mayoría en su propio estado y es la nueva minoría serbia la que les hace lo mismo. Es lo que encontrará el 15 de junio la misión de la UE al tomar el relevo de la ONU.





