El Programa Mundial de Alimentos ha suspendido temporalmente el envío de asistencias, después de comprobar los saqueos gubernamentales. Hay generales que, al grito de «todo lo de la patria para mí», se están enriqueciendo con el martirio de su pueblo. Son el estómago armado de su nación. El Coordinador de la Ayuda de la ONU para Asia ha dicho que no habrá más auxilio sin garantías de que la comida y el dinero llegan a sus destinatarios naturales. En vez de enterrar a los 22.000 muertos y de buscar a los 41.000 desaparecidos, el Gobierno se ha empeñado en celebrar el referéndum constitucional en las zonas no afectadas por la terrible tragedia.
Que nadie pregunte a dónde ha ido a parar el dinero que han mandado generosamente centenares de personas. Pasa siempre. En el origen de muchas fortunas hay un terremoto o un tsunami o una guerra. Sus descendientes, que están muy buen educados, no hablan de eso.





