Y todo al parecer, gracias al poder de convicción del director de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Maximiano Valdés, y del de la Fundación Magistralia, Fernando Argenta, quienes pusieron toda su pasión en defender la candidatura que llegó a la mesa de deliberaciones de la mano de Fernando Masaveu. Creada por el maestro José Antonio Abreu en 1975 y convertida «en un excepcional movimiento social y educativo para la difusión del arte», en el que están implicadas 120 orquestas juveniles y 60 infantiles, 15.000 profesores y cientos de miles de niños (especialmente con pocos recursos económicos), la red de orquestas combina, «en un mismo proyecto, la máxima calidad artística y una profunda convicción ética aplicada a la mejora de la realidad social».
Así lo consideró ayer el jurado y así lo trasladó al acta que convierte a esta singular institución en la primera que ocupa lugar en el palmarés de 2008 y a la que dio lectura José Lladó, su presidente, cuando se cumplían puntualmente las doce del mediodía en el salón Covadonga del Hotel de la Reconquista.
El fallo del jurado recuerda también que esta magnífica red de orquestas venezolana fundamenta su labor «a partir de la confianza audaz en el valor educativo de la música para la dignidad del ser humano».
En el documento firmado por los encargados de otorgar el 28 Premio Príncipe de Asturias de las Artes se hace, por otro lado, especial mención a que las formaciones juveniles e infantiles premiadas han colaborado «con primeras figuras de alcance universal».
De hecho algunos de los más prestigiosos directores del mundo, como Claudio Abbado, Zubin Mehta, sir Simon Rattle y el maestro Eduardo Mata han dirigido a estos jóvenes, que han tenido la oportunidad de actuar, además, con figuras como Plácido Domingo, Mstislav Rostropovich, Alicia de Larrocha, Montserrat Caballé y Vladimir Spivakov, entre otros muchos. Pero además, en sus filas han crecido musicalmente personalidades como el joven prodigio Gustavo Dudamel, actual director de la Filarmónica de Los Angeles, conocido en Asturias porque dirigió en Oviedo en enero pasado a la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolivar, que ayer agradecía a quienes le dieron su formación el «habernos brindado un camino lleno de posibilidades para celebrar la vida con la música».
Cultura rica
El Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela parte de una premisa sólida, enunciada como toda su filosofía por su fundador José Antonio Abreu: «La cultura para los pobres no puede ser una pobre cultura».
Partiendo de esa base se ha creado una red que no sólo opera como motor de progreso social y es capaz de «cambiar una pistola por un violín», en las manos de un niño, como señaló nada más hacerse público el fallo el cineasta José Luis Garci. También nació sobre esa premisa un encuentro de calidades, de excelencia técnica y artística, con virtudes para lograr no el Premio de la Concordia, sino el de las Artes.
El éxito de este proyecto, que se dio a conocer internacionalmente en 1995 con la actuación de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil en el Kennedy Center de Washington, se ha traducido en numerosos premios para el maestro Abreu como el Premio Internacional Don Juan de Borbón de la Música, recibido de manos del Príncipe de Asturias el año pasado.
Las buenas consecuencias de su labor le han convertido, además, en delegado especial de la Unesco para la promoción y difusión del modelo venezolano por todo el mundo.
Las felicitaciones
Los parabienes a la labor de las orquestas venezolanas no se hizo esperar. Nada más hacerse pública la noticia Teresa Berganza se puso en contacto con la Fundación Príncipe de Asturias para recordar que «su labor es única, ya que están haciendo un impresionante trabajo sin casi medios». Lo mismo hizo el Premio Príncipe Daniel Barenboim, para quien esta institución «demuestra cómo pocas el carácter existencial de la música».
Desde Oviedo el presidente de la Fundación Cristina Masaveu Peterson emitía también un comunicado felicitando públicamente a la institución. Otro de sus máximos defensores, Fernando Argenta, expresaba que la red premiada «saca a niños de la pobreza y la delincuencia para tocar música». Maximiano Valdés, su otro baluarte, iba más lejos reconociendo no sólo su labor social, sino también su portentosa calidad artística, «que les ha convertido en un modelo para todos».







