ESCRITORA

-¿Qué trata en 'Últimas cartas a Kansas'?
-Este es un poemario con una historia de fondo. La voz poética realiza un viaje hacia la inseguridad, que es como empiezan todos los viajes cuando se aleja de casa o de la infancia, sabiendo que no va a volver. La diferencia con la historia del Mago de Oz, es que aquí nadie va a volver a Kansas, porque se ha convertido en un espacio con fecha de caducidad que se deshace físicamente cuando uno sale de allí. Sólo queda la memoria, que puede ser una caja de latón llena de fotos.
-¿En qué se inspira?
-Me temo que los desconchados del techo o la página en blanco del 'word' no, por más que la vista se vaya allí muchas veces. No soy muy fan del furor divinus, creo que detrás de cada creación, de la disciplina que sea, hay o debería haber mucho trabajo.
-¿Qué temas le emocionan?
-Más que los temas, creo que emocionan los tonos. Me emociona mucho el tono sincero, que no tiene porqué ser autobiográfico, ni visceral, me gusta mucho esa honestidad literaria. Los temas pueden ser muchos, puede surgir una imagen de cualquier aspecto cotidiano, que no deja de ser vida. De todas formas, yo estoy con José Luis Piquero cuando dice que, en el fondo, uno está escribiendo siempre el mismo poema.
-¿Qué es para usted la poesía?
-Las manos de mi abuela junto a la cocina de leña.
-¿Qué opina de los concursos literarios?
-Personalmente estoy muy agradecida con 'La Bella Varsovia', el proyecto que coordinan las poetas Alejandra Vanessa y Elena Medel, porque ganar este premio sí ha servido para mover mi trabajo fuera de Asturias. Es una editorial que se mueve muy bien para lo pequeña que es y hace una apuesta arriesgada.





