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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 13 febrero 2012

Oviedo

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Consejos sordos
La imagen de poderío que dan los inmigrantes cuando viajan a su país anulan las advertencias de los que sufren
09.06.08 -

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Consejos sordos
En acción. Un inmigrante trabaja en una obra de Doctor Casal. / Jesús Díaz
Contra toda su voluntad, Miguel tuvo que celebrar en casa su cumpleaños. Lleva más de un año sin trabajar, desde que pararon la obra en la que se empleaba. Le dijeron que lo llamarían de nuevo en febrero, pero aún espera. El 'boom' de la construcción acabó en un ladrillazo que cae con más daño en las cabezas menos protegidas, la de los inmigrantes.
Miguel es colombiano, tiene 52 primaveras y carece de coche, lo que, con el cambio de ciclo, le tiene convertido en una especie de camello intentando entrar por el agujero del alfiler laboral. Llama, manda currículums, y se apunta a todos los cursos de la Fundación Laboral de la Construcción, pero ni por esas. Al otro lado de la tarta, hoy, le toca mirar a su hija, de 25 años, que es la que con su sueldo sostiene a sus padres.
«No, no creo que sea por culpa de la edad, porque he visto a algún conocido encontrar trabajo, pero claro, él tenía coche», explica este vecino de Oviedo desde hace seis años.
A unas calles de distancia pero con la misma angustia anda Kobenan Thomas, un marfileño que al menos tiene trabajo. Cuando le echaron del tajo, le vio los dientes al lobo y empezó a correr en busca de un empleo que lo salve. A las tres semanas, vio como una mujer conducía un camión y le preguntó que de dónde venía. Llegó hasta la fábrica y allí dejó sus datos. Ahora anda por ahí, en la nave, con la ferralla.
El problema es que antes acababa el mes con 1.600 euros; ahora no llega a 1.000 y la hipoteca le subió a 600. «Cuando nazca el bebé, no sé qué voy a hacer», dice mientras acaricia la tripa de su mujer, que está de cinco meses. Se lamenta de los malos consejos, esos que le decían que era tonto por seguir de alquiler en un país donde todo el mundo prefiere comprar a alquilar. Lleva meses sin poder enviar el dinero a la familia que sigue en África, donde «todo es mucho más duro, tienes que pagar los medicamentos, no tienes nada». «No sé qué va a hacer Dios con nosotros», dice.
El mal rico
Miguel jura que, a todo el que le llama desde Colombia, le advierte de que la cosa está difícil, pero sabe que es como hablarle a la pared. «Están mal, hay mucha inseguridad allá, y la gente se cree que en cuanto lleguen aquí les darán una caja llena de dinero».
«El problema es que muchos inmigrantes llegan al país y empiezan a pagar todo a su familia, dan una imagen de nuevo rico, de dinero fácil», razona en Pumarín Lorenzo Romero, otro colombiano. «Cuando tú les aseguras que las cosas no son tan fáciles, te toman por tonto, piensan que es que tú no te supiste mover tanto como aquel nuevo rico... ¡o que les quieres engañar!». Lorenzo, albañil, anda ahora merodeando las obras. «Así estamos muchos». Pidiendo trabajo como piden a los amigos que dejen de venir.

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