Uno de los técnicos de Mareo habla con conocimiento de causa de Luis Morán. No le sorprende lo que está haciendo su antiguo pupilo. «Es un jugador desequilibrante en el uno contra uno por sus recursos en el regate, rápido y vertical», asegura el entrenador del filial rojiblanco, Pepe Acebal. El último gol del luanquín dejará huella. Por su belleza, su precisión, por su ejecución y, especialmente, por su relevancia.
Revulsivo viene de revolver. Revolver es lo que Luis Morán hace cada vez que juega. Como ante el Córdoba, cuando el Sporting empataba en El Molinón y veía cómo se esfumaba el ascenso y él remató contra la portería de Valle. Y como el domingo pasado frente al Eibar, en el que repitió puntería en el mismo escenario.
Hizo gol en ambas ocasiones y su intervención le hizo convertirse ya no -según la figura del Código Penal- en cómplice necesario, sino en acusado principal. Él lo explica con emoción. «Lo importante era la victoria del equipo, pero, sin duda, que esos dos goles estarán mucho tiempo en mi memoria porque fueron muy especiales. Me hicieron especial ilusión por ver a tanta gente feliz», explica el delantero rojiblanco.
Avanzada la madrugada de ayer, la verdad es que las fuerzas de buena parte de la plantilla estaban bajo mínimos. En ese momento se había acabado la cena que el club había organizado en el Restaurante Las Delicias. Fue justo después del paseo triunfal en autocar por la ciudad. Al menú no le faltó de casi nada, y pocos recuerdan las veces que se brindó antes, durante y después por ascenso. «¡Qué locura de días! Llevamos diez años esperando. Todo el mundo se hizo muchas ilusiones durante la temporada y, afortunadamente, todo ha acabado bien», afirma el jugador, al que, como al resto de integrantes de la plantilla, Vega-Arango no se cansó de dar las gracias.
A nadie le importó la hora porque nadie les esperaba al día siguiente en Mareo. Ni incluso Manuel Preciado. Porque desde ayer cuelga el cartel de cerrado por vacaciones. Al menos, para la plantilla. Así que a Luis Morán no le quedó más consuelo que entregarse a los festejos -«tampoco mucho porque no estoy habituado», matiza- con la conciencia del deber cumplido. Había marcado el domingo el gol decisivo que daba el billete a Primera al Sporting.
«La jugada fue muy similar a la del día del Córdoba. Un balón por arriba peinado que tengo la suerte de engancharlo bien y que entre por el palo largo», recuerda el luanquín. El técnico de El Astillero se ha encontrado con un punta descarado y atrevido. Siempre está en movimiento, se ofrece permanentemente, es seco, directo y concreto, y dispara antes de preguntar. «Se suele decir que, cuando de piensa demasiado, te lías y la fallas, aunque hay que pensar lo menos posible y tirar a puerta cuanto antes», añade el delantero.
«Un año redondo»
Posiblemente, el padre de Luis Morán jamás se hubiera imaginado que su hijo llegaría tan lejos con sólo 20 años. El 2008 sólo ha repartido sonrisas al futbolista rojiblanco. «Ha sido una temporada redonda. A lo largo del año he dicho que era mi primera temporada y que quizás me iba a costar adaptarme, pero estoy contento con lo que he jugado», dice Luis, que, tras un debut testimonial el año pasado, se ha consolidado en la primera plantilla. «Para mí, siendo un jugador de la casa, que me den la alternativa el equipo en el que llevas jugando toda la vida es algo realmente especial».
Luis Morán ha sido uno de los fijos de Preciado. No tanto como titular, pero sí como recurso habitual. «Inicié la pretemporada sin saber si me iba a quedar en el primer equipo o en el filial, pero el míster me ayudó mucho, me aconsejó y confió en mí», apunta el jugador reconvertido en extremo derecho, donde se siente «a gusto porque lo important es jugar, sea donde sea». ¿El futuro? Ahora llegan las vacaciones y tampoco viene bien pensar demasiado en el próximo año para no comerte el coco. Pero está claro que tengo ganas de comenzar otra vez», añade el jugador antes de emprender camino a su Luanco natal.