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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Avilés

07.07.08 -
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Mario Roso de Luna nació en Logrosán (Cáceres) el 15 de marzo de 1872. En 1894 se doctoró en Derecho y en 1901 se licenció en Ciencias Fisicoquímicas. Aficionado desde joven a la Astronomía, descubrió en 1893, en la constelación Auriga, el cometa bautizado con el nombre de Roso de Luna, y también otra estrella. En 1894 inventó un aparato de astronomía popular llamado Kinethorizon, que reproduce el aspecto del cielo por medio de la electricidad y por el que se le concedió la cruz de Carlos III. Impartió cátedras de Matemáticas y de Castellano en París y Ostende. Es autor también de la rectificación científica del itinerario romano de Mérida a Zaragoza y descubrió varios yacimientos prehistóricos e inscripciones romanas. Fue miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia.
Apasionado investigador de lo oculto, la lectura de las obras de Helena Petrovna Blavatsky le llevó a convertirse en 1902 en seguidor de la teosofía, doctrina que alcanzó cierta relevancia en aquellos tiempos. El 'mago de Logrosán', como era conocido en la época, miembro del Ateneo de Madrid y masón, fundó la revista 'Hesperia', dirigió la Biblioteca de las Maravillas y recorrió gran parte de Europa y de Hispanoamérica como conferenciante y divulgador de la teosofía. Como escritor, además de su obra periodística, es autor de más de veinte libros, entre los que se pueden mencionar: 'En el umbral del misterio', 'La ciencia hierática de los mayas', 'Por el campo de la electricidad', 'Las gentes del otro mundo', 'La Atlántida, continente histórico', 'Simbolismo de las religiones', 'De Sevilla al Yucatán', 'El libro que mata a la muerte', 'Del árbol de las Hespérides', 'Beethoven, teósofo', 'Wagner, mitólogo y ocultista' y 'El tesoro de los lagos de Somiedo'. Falleció en Madrid el 8 de noviembre de 1931.
Extraño libro
En abril de 1912 Roso de Luna viajó a la comarca leonesa de El Bierzo, como corresponsal del periódico madrileño 'El Liberal', para informar de un eclipse de sol que había congregado a un gran número de investigadores y curiosos. Allí trabó amistad con un curioso y culto asturiano que le invitó a recorrer el Principado en un viaje en el que se mezclan la historia, la leyenda, la mitología, el ocultismo, los personajes reales y los de ficción.
Fruto de esa aventura nació 'El tesoro de los lagos de Somiedo', narración ocultista subtitulada 'Por la Asturias tenebrosa', que fue publicada en Madrid en 1916, como primer tomo de la Biblioteca de las Maravillas. Esta extensa obra, de 544 páginas, fue reeditada en 1980 en Madrid (en edición facsimilar) y en Gijón, esta última con prólogo de Juan Cueto Alas. Los críticos Julio Casares, en 1919, y Julio Somoza, en 1927, valoraron negativamente la excesiva extensión del libro y las disparatadas teorías teosóficas del autor. La obra, aunque efectivamente resulta de farragosa lectura, no carece de cierto interés y en ella se habla de Avilés.
Estancia en Avilés
Roso de Luna narra en el libro 'El tesoro de los lagos de Somiedo' su paso por la villa avilesina de la siguiente manera: «Estaba, pues, en la histórica Avilés, la 'Abilies' ibérica, émula de la segunda de las Columnas de Hércules, derivada acaso de la misma palabra que la romana 'ávula' o 'avecilla', o más bien de algún desconocido nombre 'zoela', que diría Fernández Guerra; la ciudad de las primitivas leyes estampadas en 'tesseras' de bronce y, siglos más tarde, del famoso Fuero Municipal, que data nada menos que de 1085 y fuese confirmado en 1155 por Alfonso VII, el Emperador (...) Estaba, digo, en la ciudad que llegara en su libérrima y patriótica autonomía a llamarse república en sus acuerdos municipales, y tuviese a grandísima gala el que sus vecinos, según Fuero, no pagasen desde el mar hasta León portazgo ni pontazgo».
«Así pensaba, dando unos paseos por su grandioso Bombé, el parque mejor de todo el Principado robado a la duna que va por el Espartal, camino de la célebre ría de 'Neba' y 'Noega', o San Juan de Nieva, dominada por el roquero castillo de Gauzón.
Mientras, organizaba mi pequeño programa de visita al Archivo Municipal para ver el discutido pergamino del Fuero; las iglesias bizantinas y gótico-primitivas de Baragaña, Santo Tomás de Sabugo, Capilla de los Alas, el ex convento de San Francisco, cuanto a media docena de casonas nobiliarias y a otras varias bellezas arquitectónicas, minuciosamente descriptas en la 'Historia' inédita de David Arias, sin olvidar tampoco los Caños, el Hospital de San Juan, la Malatería de la Magdalena, Puente de San Nicolás y el Cristo de Galiana, patrono de la villa...».
Posteriormente viajó en tranvía hasta el puerto de San Juan de Nieva y la playa de Salinas, donde gozó de una hermosa puesta de sol desde la Peñona. Y continúa su relato: «Mi hotel (se trata, sin duda, de la famosa fonda La Serrana) tenía a la sazón bastante gente, y estaba cerca de la iglesia de San Nicolás, donde antes había visto el sepulcro de don Pedro Méndez (Menéndez) de Avilés, conquistador de la Florida, que siguiera las huellas de mi paisano Ponce de León. Esperé, pues, para cenar, a que fuese más tarde y sólo quedasen en el comedor un grupo de toreros que se disponían, creo, a inaugurar al otro día una plazucha de madera en Grado, y dos o tres personajes más, perfectamente anodinos, mientras yo me iba al otro lado. Allí, a poco de haberme sentado, reparé en una mujer, solitaria también, y la que, no sólo no era
Como el milagro de la tía Andrea,
que es de Avilés, y, sin embargo, es fea
que dijo el pícaro de don Ramón de Campoamor, sino que me pareció tan maravillosamente hermosa, como ninguna de las hijas de Eva que tenía vistas en mi vida».
Con esta bella mujer partió Roso de Luna en automóvil, al día siguiente, camino de Grado, y el viaje se convirtió en una auténtica aventura onírica en la que aparecen los bosques encantados y las 'xanas' de la mitología popular asturiana.

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