«Como elemento de valiosa aportación para los estudios de la prehistoria fue descubierta esta cueva de El Pindal por H. Alcalde del Río en el año 1908. Arqueólogos de fama, patrocinados por el Príncipe Alberto de Mónaco, la exploraron y la estudiaron en parte, y, en la hermosa obra 'Les cavernes del Cantabrique', publicada y lujosamente editada bajo los auspicios del citado Príncipe (...)». De este modo arranca la obra que firma José F. Menéndez, a la sazón presbítero cura de Colombres, en 1929, en la que además de recorrer las bellezas de Ribadedeva ya da todo tipo de detalles sobre la caverna que este año celebra su centenario convertida en Patrimonio de la Humanidad. Es El Pindal la decana de las asturianas, la primera que vio pasar a los arqueologos para rebuscar entre sus paredes.
Lo que observó entonces el párroco y relató con profusión de adjetivos en 'La cueva del Pindal y sus pinturas rupestres' -que así se titula el libro- es lo mismo, con alguna incorporación, que pueden ver hoy quienes visiten esa caverna con magníficas vistas al mar, algo que ya hizo, en plenos años cincuenta, Magín Berenguer. El historiador publicó un detallado informe sobre la oquedad de Pimiango en el Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, que firmaba a medias junto a Francisco Jordá Cerdá en el que hace una minuciosa descripción de la caverna: «Una vez pasada la zona de la entrada y atravesando el gran ensanchamiento de la cueva, nos encontramos con un paso estrecho y en forma de meandros, flanqueado por enormes masas de estalactitas, al final de la cual se encuentra una especie de gran manga en cuya pared derecha se halla el Panel A, el mayor de todos los conjuntos artísticos de la cueva, en el que se representan 35 figuras».
Así escribieron en 1954 antes de describir una cabeza de elefante en rojo, un trazo serpentiforme, el grabado de un caballo, una figura en fórma de báculo, un bisonte grabado y pintado en rojo con restos de pintura amarillenta en ocre, más bisontes, la cabeza de un caballo, seis rayas verticales pintadas en rojo.... Y, por su puesto, ese extraño pez que tanto ha llamado la atención de los estudiosos.
Hacen un total de 44 las figuras que se describen en este interesante documento, que incluye nuevos descubrimientos sobre aquella primera investigación financiada con dinero monegasco del Abate Breuil. Son nueve caballos, once bisontes, dos elefantes, tres cérvidos, un jabalí, un pez y un amorfo.
Luego llegarían otras investigaciones, nuevos trabajos para concluir que efectivamente la cueva fue habitada durante el periodo asturiense y el magdaleniense final e ir un poco más allá. Hoy vive un presente repleto de futuro. A cien años de su descubrimiento, el próximo jueves se inaugurará un centro de interpretación para facilitar la comprensión de sus pinturas y grabados, que están al alcance de quien quiera mirarlos en vivo y en directo a través de las visitas guiadas.