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Economía

15.07.08 -

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Martinsa-Fadesa, obligada a aprobar la mayor suspensión de pagos de la historia de España
El presidente de la inmobiliaria, Fernando Martín Álvarez, durante la apertura de honor en el mercado con el toque de la campana virtual en una imagen de archivo. / EFE
Martinsa-Fadesa es insolvente. No puede pagar sus deudas. El consejo de administración de la inmobiliaria acordó ayer, tras más de seis tensas horas de reunión, instar un concurso voluntario de acreedores ante la imposibilidad de atender sus deudas. La compañía justificó el paso en su intención de «garantizar la continuidad» de su proyecto empresarial. La firma, controlada por Fernando Martín, consciente del impacto que su apuesta creará en el sector y en la economía nacional, pidió apoyo a las administraciones y las entidades financieras, a las que debe 5.100 millones de euros, y comprensión a sus pequeños accionistas.
La inmobiliaria explicó que la solicitud fue adoptada «ante la constatación de las graves dificultades de tesorería» que sufre y la imposibilidad de contar con liquidez. A través de un comunicado, la compañía afirmó que su decisión ha sido tan rápida como le ha sido posible, y siempre en un intento de evitar cualquier perjuicio futuro para sus acreedores y proveedores. Tanto Fernando Martín como el resto del equipo directivo, apuntó la firma, seguirán desempeñando sus funciones. Esa es la principal diferencia entre un concurso voluntario y uno necesario, en el que es un equipo de administradores judiciales el que toma el mando.
Problema de liquidez
Martinsa-Fadesa aspira a «solucionar el actual problema de liquidez y a cumplir con los compromisos en el menor plazo de tiempo posible». Para ello, añadió la inmobiliaria, se centrará (bajo la supervisión del juez) en «generar ingresos y vender activos».
La compañía fue suspendida de cotización a primera hora de la mañana cuando sus títulos caían cerca de un 25%. En apenas dos jornadas bursátiles, Martinsa-Fadesa cedió la mitad de su valor. Una pésima noticia para Fernando Martín, que controla el 60% de la firma, y el resto de accionistas relevantes entre los que se encuentran Bancaja, con un 5,9%, la familia Salazar con algo más del 2% y Ahorro Corporación Financiera, con un 4,9%. Martinsa-Fadesa firmó el pasado 7 de mayo una refinanciación (un crédito para respaldar otro anterior) de cerca de 4.000 millones de euros.
De ese montante, 2.579 millones correspondían a la deuda derivada de la adquisición el pasado año de Fadesa. Otros 1.422 millones servirían para pagar compromisos a corto plazo. El resto hasta 5.100 millones, que es a lo que asciende la deuda total de la compañía, son débitos vinculados al propio negocio inmobiliario, como préstamos para la construcción y desarrollo de promociones o hipotecas a subrogar para los compradores de pisos.
Operación «de libro»
Fernando Martín llegó a presumir del logro que supuso esa refinanciación. «Es una operación de libro», dijo. Pero el problema de los créditos es que hay que pagarlos y cumplir con sus condiciones. Los 45 bancos que, de forma sindicada, suscribieron ese crédito impusieron a la inmobiliaria -entre otras- la condición de que lograra 150 millones de euros antes del 7 de julio para financiar proyectos en el extranjero. La firma está presente en once países tan diversos como Francia, Bulgaria, Marruecos, Rumanía, Polonia, Hungría o Eslovaquia. El objetivo era que la empresa no se parara.
Pero nadie está por la labor de prestar dinero, y menos a una compañía tan endeudada. Así, el contrato de refinanciación está desde el pasado día 7 en disposición de ser ejecutado. Martinsa-Fadesa solicitó a sus bancos acreedores (entre los que destacan La Caixa y Caja Madrid, con 1.000 de préstamo cada uno, o Popular, con 400 millones) un aplazamiento de un mes para reunir ese dinero que, incluso, buscó en el Instituto de Crédito Oficial (ICO). Pero no ha habido respuesta por parte de los bancos.
El concurso de acreedores es una pésima noticia para todos. Para la empresa, puesto que le pone contra las cuerdas. Para la banca, también, ya que nadie en su sano juicio podría aspirar a cobrar el 100% de lo que una empresa insolvente le adeuda. Y, no es menos importante, para el sector del ladrillo en España, que ha visto cómo hasta ahora mal que bien los grandes -muchos con enormes deudas a cuestas- salvaban la papeleta. La pregunta es ahora ¿quién será el siguiente? Muchas inmobiliarias españolas como Colonial, Reayl-Urbis y Metrovacesa acumulan mucho dinero a crédito.

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