Dicen que Jovellanos regresó a la tierra que le vio nacer, «a morir». Por eso, el seis de agosto es una fecha marcada a fuego en la historia de Gijón. Ese día, su hijo pródigo volvía, debilitado y renqueante, después de diez años de ausencia. Unos meses más tarde, moría.
«El seis de agosto es una fecha cumbre, por encima de su nacimiento y su muerte. Gijón reconoció a Jovellanos su vida íntegra», asegura Domingo Cienfuegos-Jovellanos, descendiente del ilustrado, tras la misa con la que la familia lo honró en la capilla de Nuestra Señora de los Remedios -donde reposan sus restos mortales-. Después, el grupo se dirigió a la plaza del Seis de Agosto. Allí organizaciones y autoridades, encabezadas por la alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, y su homóloga mallorquina, Aina Calvo, aguardaban para comenzar la ofrenda floral al ilustrado.
La regidora de Palma de Mallorca, ciudad en la que Jovellanos estuvo preso, fue la encargada de dibujar su perfil, y lo hizo destacando su «pensamiento vanguardista», que llevó al intelectual a «aprender catalán y promover su estudio». Jovellanos «nunca confundió cosmopolitismo con anulación de particularidades», expresó Calvo, «reconoció y aceptó la diversidad española». La alcaldesa mallorquina consideró importante hacer estas reflexiones en «un tiempo de agitación en el que algunos intentan poner en cuestión estos beneficios», lo que le llevó a insistir en «recordar esta enseñanza de Jovellanos».
Tanto Calvo, que viajó en exclusiva para la ofrenda, como Felgueroso pusieron de manifiesto los lazos que, gracias a Jovellanos, unen a ambas ciudades. La regidora gijonesa recordó que «representantes gijoneses acudieron a actos por el bicentenario de la liberación de Jovellanos en Palma», y adelantó que, «el Foro Jovellanos organizará un curso conjunto (sobre su figura) con la Universidad de Mallorca».
El regreso del hijo pródigo
Doscientos años después de que el barco que transportó a un Jovellanos enfermo y débil a Gijón arriara en El Musel, decenas de organismos e instituciones depositaron una corona de flores a los pies de su estatua en la plaza del Seis de Agosto. Entre ellas también estuvo la de EL COMERCIO, ofrecida por su director general, Julio Maese, y, por supuesto, la de la propia familia Cienfuegos-Jovellanos.
La ofrenda floral es un gesto que conmemora una fecha marcada en el calendario de 200 años atrás, la del regreso de Jovellanos a sus raíces. «Todo Gijón estalló en júbilo por la vuelta de su gran héroe», explicó Jesús Peláez, presidente del Foro Jovellanos. «Llegó maltrecho por el calvario que le tocó vivir. Estuvo siete años prisionero en Palma», añadió. Los tres que siguieron a su regreso, el benefactor gijonés se embarcó en un viaje por España que de Galicia le trajo a Asturias.
Empezó a manejar planes, «quiso restablecer el Real Instituto», relata Peláez. Sin embargo, las fuerzas francesas tomaban Gijón a pocos meses de su llegada y Jovellanos se vio obligado a huir de nuevo. El barco en el que escapaba naufragó, abandonándolo a su suerte en Puerto de Vega, Navia. Allí la enfermedad se lo llevó: murió de pulmonía el 27 de noviembre de 1811.