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Sociedad

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Cuando los franceses se retiran, se impone la creación de una organismo integrado por dos representantes de cada junta provincial
31.08.08 -

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Tras ser derrotados en Bailén el 19 de julio de 1808, los franceses se ven obligados a retirarse de la mayor parte del territorio español, lo que estimula las iniciativas para crear un poder que uniese a las Juntas provinciales que habían surgido por todo el país. La de Asturias fue una de las primeras que, a propuesta de Flórez Estrada, había planteado ya en junio la reunión de Cortes en Oviedo, pero, finalmente, se impuso la creación de una Junta Central integrada por dos representantes de cada provincial. No sin problemas, la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino se constituyó el 25 de septiembre en Aranjuez. Su primer presidente sería en conde de Floridablanca, hasta que falleció el 30 de diciembre de 1808.
Nacida de una revolución contradictoria, que impone nuevos órganos de poder pero, aunque predomina entre los patriotas un amplio deseo de reforma, carece de un programa político -salvo la restauración de Fernando VII en el trono y la defensa de la religión y de la patria-, la Central se muestra políticamente indecisa e incluso adopta decisiones claramente conservadoras. Los liberales la criticarán por ello, pero para los absolutistas era un órgano de origen popular que debía ser sustituido por una regencia. Será del bando conservador de donde reciba los ataques más duros, que finalizaron en enero de 1810, poco antes de la caída de la ciudad de Sevilla en manos enemigas, con un verdadero golpe de estado, que supuso la creación de una efímera Junta reaccionaria y una sensación de vacío de poder que favoreció la insurrección americana.
Entre sus decisiones, además de la convocatoria de Cortes, destacan la creación del 'Consejo reunido' en 1809, el intento de organizar y controlar la guerrilla, la reforma de las Juntas provinciales y, aunque tardías, las reformas fiscales. Las derrotas militares, que se suceden tras el inicio de la ofensiva napoleónica en noviembre de 1808, minan su prestigio y la obligaron a trasladarse a Sevilla, donde residirá hasta que en enero de 1810 se refugie en Cádiz, donde será sustituida por un Consejo de Regencia.
Tras su disolución, sus integrantes sufrieron censuras y persecuciones, lo que condujo a Jovellanos a redactar en Muros, puerto gallego en el que había encontrado cobijo, su Memoria en defensa de la Junta Central.

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