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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Asturias

Villaviciosa

La frutería de la plaza cubierta de la Villa se despide de sus clientes tras más de 50 años
05.10.08 -

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La Mariñana echa el cierre
Mary Rivero muestra su género. / L. CASO
La Villa se queda sin uno de sus comercios más antiguos. La popular frutería ubicada en la plaza cubierta pone fin a su actividad después de más de cincuenta años atendiendo al público maliayo. Fue abierta por Patrocinio Bartolomé, oriunda de Les Mariñes, sin grandes alardes. Empezó con un puestín en el que reinaban principalmente las verduras y poco a poco fue ganándose la confianza de las amas de casa. En 1959 su hija Mary entró a formar parte del negocio familiar, abriendo la mercancía a toda clase de productos hortofrutícolas.
A su madre, por su origen mariñán, los clientes la comenzaron a llamar La Mariñana, apelativo que sirvio también para dar nombre a la tienda.
«Hemos pasado por tiempos difíciles -recuerda Mary Rivero- e incluso nos vimos en apuros para poder pagar la cuota de autónomos. Pero resistimos al llegar tiempos mejores y ventas con rentabilidad». «Varios hosteleros de la Villa se surtían de nuestras frutas. Hace unos 20 años reformamos el local, que mi madre no llegó a ver pues falleció un mes antes de inagurarse», añade. «Ahora yo después de 49 años doy por finalizada una etapa que se llevó los mejores años de mi vida. He ganado muchas y buenas amistades, ademas de una buena lista de 'pufos' sin cobrar por fiarme de algún que otro cliente 'cuentista'», evoca.
Mary, La Mariñana, pudo haberse retirado por la edad mucho tiempo antes. «No quise hacerlo, porque esto -la frutería- y el trato con la gente era parte de mi vida. ¿Qué hago yo con tanto tiempo libre? Estos días me lo pregunto, aunque lmi marido e hijos se alegran de que me hay decido 'pesllar' el negocio».
Su marido, José Luis Solares, que trabajó durante cuatro décadas en La Pomológica -hoy el Serida- está igualmente contento con la decisión de su esposa. «Era hora ya», afirmó. Ayer por ser el último día cara al público se respiraba en el puesto el desasosiego propio de las despedidas.
Pero, eso sí, la vendedora será siempre conocida por sus vecinos como Mary, La Mariñana, y disfrutará de un tiempo que nunca tuvo con su familia. Se merece una buena jubilación.

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