Luis Fernández-Galiano, director de LA revista 'Arquitectura Viva', arquitecto sin obra y catedrático de la Universidad Complutense, mira con lupa cualquier diseño. Ayer ofreció una conferencia sobre la situación actual del sector en el Colegio de Arquitectos.
-¿Qué impresión urbanística le ha causado Oviedo?
-Hacía unos años que no venía y realmente sólo he estado unas horas. Es una ciudad estupenda, muy limpia y próspera. Oviedo, Gijón o Avilés se nota que son ciudades habitadas y queridas. Hay sitios en que la gente es más descuidada; aquí hay amor a lo propio.
-Me imagino que sí habrá visto el Palacio de Congresos diseñado por Santiago Calatrava.
-Cómo no. Es demasiado grande y está constreñido con los edificios del entorno. Es una obra que no está enteramente justificada. Entiendo que Oviedo quisiera tener un icono y qué mejor que un Príncipe de Asturias, pero no creo que sea un proyecto feliz . Los buenos proyectos son combinación de programa, arquitecto, emplazamiento... En este caso, los ingredientes no han sido los adecuados.
-En cuanto al contenido, ¿qué le parece la combinación de centro comercial, auditorio, hotel y oficinas administrativas?
-No había conocido ninguna experiencia similar. Hasta que no se termine será difícil de juzgar, pero es algo extraño que merece darle un plazo de confianza hasta que el palacio de congresos se inaugure. Ahora mismo es un centro comercial trivial dentro de un edificio enormemente simbólico. La fuerza simbólica de Calatrava es apropiada para un palacio de congresos o un edificio de la Administración, pero para un centro comercial no debe requerir tanta artillería simbólica.
-Calatrava tenía otro proyecto para Oviedo que el movimiento ciudadano y político abandonó. ¿Lo conoce?
-Por lo que he podido ver, esas torres no estaban en el mejor sitio siendo una ciudad con tal casco histórico. Las torres de Patxi Mangado, en cambio, influyen menos sobre la zona antigua.
-¿Cree en la legitimidad de la decisión ciudadana, por encima de la política, para rechazar proyecto?
-Por supuesto, el urbanismo es de todos, no sólo de los arquitectos o los políticos.
-En Oviedo hay dos fábricas industriales, la de Gas y La Vega. Algunos colectivos apuestan por recuperarlas y reconvertirlas en espacios públicos.
-El patrimonio no sólo son las catedrales o los edificios barrocos. Es algo más extenso que lo antiguo y es un reflejo del pasado industrial de Asturias. La Administración debería evitar el demoler edificios sólo por razones económicas.
-No he le preguntado aún cuál es el edificio que le parece más emblemático del Principado.
-Del siglo XX, la organización más soñadora y casi onírica es La Laboral de Gijón. Refleja mejor la naturaleza del franquismo que el propio Valle de los Caídos. Es un retrato de su tiempo y una gran obra de arquitectura. Demuestra que no sólo los regímenes democráticos hacen grandes obras. Es la Asturias del pasado y del presente.