Catorce oseznos han muerto en la Cordillera Cantábrica desde 1996 a manos de sus padres. Esos son los casos de infanticidios en esta especie documentados en la zona y recogidos en un libro coeditado por la Fundación Biodiversidad y la Fundación Oso Pardo presentado ayer. El volumen, titulado 'Osas', -y que recopila la información obtenida en los últimos años durante la observación de las hembras y crías de oso pardo cantábrico- cuenta que «el infanticidio es un fenómeno ampliamente extendido y documentado» en esta especie «aunque para nuestra percepción antropocéntrica del comportamiento animal pueda parecer una extravagante y terrible anormalidad».
Los infanticidios generan polémica y en la Fundación Oso Pardo los señalan como «uno de los temas más candentes y debatidos por la sociobiología desde sus inicios hasta la actualidad». Tanto, que han dividido a los especialistas entre quienes defienden que «el infanticidio es una adaptación evolutiva presente en numerosas especies y situaciones» y quienes consideran que «se trata de un comportamiento patológico».
Con la polémica de fondo, 'Osas' explica por qué se producen estos infanticidios y qué beneficios obtiene un animal de matar a las crías de su propia especie. Se pueden resumir en cuatro: los osos matan a sus oseznos para obtener un recurso alimentario directo; para eliminar competidores potenciales por los recursos; para aumentar las posibilidades de supervivencia o de éxito reproductor, o, fundamentalmente, para tener acceso a individuos del otro sexo para procrear.
Según los expertos, «los machos infanticidas pueden consumir en ocasiones las crías que han matado», por lo que pueden considerarse «una estrategia de obtención de alimento fácil», pero, señalan, «los verdaderos beneficios están claramente relacionados con la reproducción. Los machos de oso atacan y matan crías dependientes de sus madres con el objetivo de incrementar las oportunidades de reproducirse con la madre». Por eso, precisan, «el macho infanticida no es el padre de las crías matadas», pero sí «el padre de la siguiente camada».
Tampoco la cordillera Cantábrica escapa de estos comportamientos infanticidas. A pesar de que, según constata la Fundación Oso Pardo, «son difíciles de detectar y de observar», entre 1996 y 2007 esta organización ha constatado al menos ocho casos de infanticidio. En siete de ellos se produjo la muerte de toda la camada. En el restante, sobrevivió una de las dos crías. El libro detalla los ataques y se detiene en uno de ellos. Ocurrió en junio de 2000 en el Parque Natural de Fuentes del Narcea, donde «fue posible comprobar la obsesión y minuciosidad del oso macho a la hora de buscar y matar una por una a las tres crías de la camada, y ello a pesar de los violentos y desesperados intentos de la hembra por evitarlo».