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Don Felipe y doña Letizia presiden el emocionante concierto de Mahler con el que quedó clausurada en el Auditorio de Oviedo la Semana de la Música
24.10.08 -

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Cada año la música marca una parada extraordinaria en la visita de los Príncipes de Asturias, que cierran con sus aplausos en Oviedo una semana de pequeñas y grandes sinfonías. Siempre es una cita importante, pero ayer su encuentro con los vientos y las cuerdas fue, además, absolutamente especial. En el escenario, recreando la pasión que Mahler puso sobre un poema de Klopstock, no sólo había una formación orquestal, la Sinfónica Simón Bolivar, sino 160 músicos premiados con el Príncipe de Asturias de las Artes. Son los mejores de los miles que integran el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela y todos acudían al Auditorio con una misión, agradecer la distinción otorgada.
Encaraban con ese reto el primero de los cinco actos de 'Resurrección', la segunda sinfonía del compositor checo, tras un emotivo discurso de Gustavo Dudamel, su batuta principal, y de José Antonio Abreu, el fundador del Sistema de Orquestas. A puerta cerrada, mientras en la calle se concentraban las primeras miradas de curiosidad ante la llegada al Auditorio de don Felipe y doña Letizia, los músicos celebraban un ensayo general, que, además de música, arrancó cientos de emociones, por la belleza del mensaje de los líderes de la orquesta y la impresionante respuesta de cariño de sus músicos.
Les pedían Dudamel y Abreu que hicieran sonar sus almas en el concierto para dar las gracias por el galardón que les compara con otros grandes músicos. Y así lo hicieron. Contaron en su viaje al siglo XIX de Mahler a bordo de las dudas sobre la muerte, la felicidad y la vida, que su poema musicado engendra, con el Coro de la Fundación Príncipe y las voces de la soprano Magda Nieves y la mezzosoprano Hadar Halevy. Unos y otros entusiasmaron a un público que ocupaba las primeras butacas sobre las seis y media de la tarde. Justo una hora antes de que el himno de España diera por inaugurada la velada musical.
Entre los más madrugadores, los investigadores africanos de la malaria, premiados con el galardón de Cooperación Internacional. La última en llegar, antes de que las puertas quedaran cerradas tras el paso de los Príncipes de Asturias, fue Ingrid Betancourt, Premio de la Concordia, que sobrepasaba el umbral bordeando la hora límite, acompañada de su madre.
Entre unos y otra más de mil personas, que hubieron de pasar, sin distinción bajo el arco detector de metales, mientras las gaitas de la Banda del Naranco sonaban en la explanada sobre la que cae la sombra del Auditorio. Su música, por cierto, llamó la atención a algunos de los integrantes de la Orquesta Sinfónica Simón Bolivar que salieron a «refrescar y observar el ambiente de fiesta» y a escuchar el singular instrumento asturiano.
El más numeroso
Desde la Fundación se aseguraba, a pocos minutos del comienzo del concierto, que el de ayer se recordará como el acontecimiento musical más reclamado de los últimos años. Todo el mundo quería escuchar a los jóvenes venezolanos que salían al escenario engalanados de negro con una especie de beca roja sobre su pecho. Y todos querían también compartir velada con los Príncipes de Asturias, que se acercaban a su palco poco después de las siete y media, tras ser recibidos en el vestíbulo por el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces; la presidenta de la Junta, María Jesús Álvarez; el delegado del Gobierno, Antonio Trevín, el alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo; el presidente de la Fundación, Matías Rodríguez Inciarte, que se estrenaba así en los actos de esta edición de los Premios, y los embajadores de España en Venezuela y de Venezuela en España.
Doña Letizia, con pantalón de seda negro, chaqueta torera de terciopelo y camisa blanca, saludó con una sonrisa a las autoridades y dedicó un gesto de cariño a quienes les esperaban a las puertas del Auditorio (para entonces muchos desde llevaban más de una hora).
Ya en sus butacas de honor los Príncipes escucharon, primero el himno nacional y después la sinfonía de Mahler y aplaudieron con entusiasmo el talento y el empeño de los jovencísimos músicos.
Lo mismo hicieron entre el público, la escritora Margaret Atwood (Premio de las Letras), el pintor Hugo Fontela y el poeta Javier Almuzara, así como el conde de Latores, Sabino Fernández-Campo, y su esposa María Teresa Álvarez. Ambos muy puntales, como el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, los doctores Fernández-Vega y el patrono de la Fundación Adolfo Barthe Aza. Todos grandes amantes de la música.

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