Juan Rodés Teixidor (Barcelona, 1938), catedrático de Medicina en la Universidad de Barcelona, fue nombrado ayer doctor honoris causa por la institución académica asturiana en un acto en el que su padrino dijo de él que, como docente, «sacrifica toda ampulosidad en la palabra y evita el más mínimo efecto escénico en aras de la claridad». Así de directo es Juan Rodés, «toda una vida dedicada a la Medicina y a la investigación», un currículum que apabulla. «Digo lo que pienso. Soy provocativo porque no pienso lo mismo de la mayoría», admite, ya con el birrete, el anillo y los guantes que acreditan su nueva dignidad.
-En su discurso de investidura ha abogado por «cambios profundos en la enseñanza de la Medicina».
-En España, la enseñanza de Medicina no se ha adaptado a los tiempos. Nos tendríamos que inspirar en el mundo anglosajón.
-¿Qué tienen allí que aquí no hay?
-Allí ofrecen una enseñanza integrada, más útil, que ayuda a razonar y, por tanto, a aprender, y no simplemente a memorizar.
-¿Cómo define, entonces, las enseñanzas de Medicina en España?
-Demasiado clásicas. Napoleónicas. Aquí hay una visión muy peculiar de estos estudios. Por una parte está la parte clínica y, por otra, las enseñanzas clásicas. De tal forma que, durante los tres primeros años de la carrera, lo que los alumnos aprenden es una continuación de los conocimientos adquiridos en el Bachillerato. Esa separación es fatal. Deberían mezclarse desde el principio y abordar desde el inicio de la carrera asuntos de Salud Pública, de Medicina Preventiva o de las patologías más prevalentes en la comunidad, como se hace en Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña.
-¿Cuál es el problema de fondo?
-Que eso implica mucho más trabajo para los profesores. No más, sino mucho más. Lo que ocurre es que aquí las reformas siempre las han hecho los docentes de espaldas a la sociedad.
-En Asturias, el Gobierno regional y la Universidad han descartado trasladar la Facultad al entorno del nuevo Hospital.
-No tiene sentido que estén separados. Es un gravísimo error. La escuela de Medicina por excelencia es el hospital. Así lo han comprendido, por ejemplo, en mi Universidad, la de Barcelona, rodeada por un hospital desde hace cien años. En esa época ya tenían clara la importancia de que estuvieran juntos. Hemos ido para atrás. Tan grave es esa separación que no permite ni complicidad ni facilidad alguna para que los nuevos médicos investiguen. Es como si fuesen dos carreras distintas. Una académica y otra, clínica. De tal magnitud es el desastre.
-¿Está maltratada la investigación en este país o ese es un tópico que hay que desmontar?
-Estuvo muy maltratada. Ahora lo está menos. Sobre todo, la investigación en hospitales. Un ejemplo es que, cuando se crea el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en la década de los cuarenta, se crea separado de la Universidad. Eso ya fue un aviso a navegantes. Que la investigación estuviese fuera de la universidad resultó terrible para España. Las consecuencias no se vieron a corto plazo, pero sí con el paso de los años y de las décadas. Hay que retomar la idea de que la investigación básica y clínica deben caminar de la mano, pero se siguen haciendo institutos de investigación lejos de los hospitales.
-¿Faltan médicos o es otro mito?
-No faltan médicos. Están mal distribuidos. Sí es verdad que hay carencias en algunas especialidades, pero no se ha hecho un análisis riguroso de qué especialistas faltan y por qué. A lo mejor, hay tareas que puede hacer el personal de enfermería que están haciendo ahora los facultativos como tomar la tensión. Pero insisto: al Gobierno central le corresponde hacer un análisis que no se ha hecho.
-¿La culpa de la escasez es de los numerus clausus?
-Yo soy un gran defensor de los numerus clausus, pero también pienso que la nota quizá es un criterio muy pobre. Una buena fórmula sería acompañarla de una entrevista personal, porque hay que buscar también la vocación.
-¿Y de los bajos sueldos?
-Los médicos, los investigadores están mal pagados. Debe haber un acuerdo entre comunidades autónomas que permita unificar salarios. Cataluña, por ejemplo, es la comunidad que menos paga a sus médicos. Allí deben ganarse la vida haciendo guardias, pero, a cierta edad, el cuerpo no aguanta.
-¿Defiende el copago?
-Hay un abuso de ir al médico por cosas que antes se curaban en casa poniendo un esparadrapo. Así, nos encontramos las urgencias saturadas por patologías menores. No soy partidario del copago en la gran catástrofe sanitaria, un infarto de miocardio, por ejemplo, cuya atención debe ser gratuita, pero sí se debe pagar si se acude al médico por una úlcera producida por la presión del zapato. En Suecia, si una urgencia no es real, te hacen pagar el total de los costes. Defiendo el copago no para ganar dinero, sino para controlar los abusos en la asistencia sanitaria.
-El Principado está inmerso en un proceso de apertura de los centros de salud por la tarde.
-Los médicos han de tener dedicación exclusiva, estar mañana y tarde en el hospital o en la consulta, y cobrar dignamente por ello, como se cobra en Portugal.
-Un honoris causa que se reconoce polémico debe pronunciarse sobre los 'bebés medicamento'.
-Si usted tuviese un hijo gravemente enfermo y la posibilidad de salvarle la vida, ¿qué haría? Yo lo tengo claro.