Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Asturias

Politica

Dos estudiantes gijonesas narran las «escenas de pánico» y la «impotencia» con la que vivieron la explosión de la bomba en el campús
31.10.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Su primer año en la universidad y menos de dos meses de curso. Eran cerca de las 11 de la mañana y la gijonesa Belén García Díaz-Negrete entraba en el aula para asistir a clase. Al otro lado del recinto, su amiga, la también gijonesa Marina Moro, se dirigía a la biblioteca para estudiar. La vida trascurría normal en el campus de humanidades de la Universidad de Navarra. Hasta que se escuchó una «horrible» explosión.
«Si me preguntas, no sé describirte el sonido pero supe que era una bomba». Belén García, de 17 años y estudiante de Derecho y Administración y Dirección de Empresas, pudo ver cómo se rompían «los cristales del aula» por el impacto de la bomba antes de «salir corriendo» al lado de sus compañeros, alentados por los profesores. Al salir del edificio, vio la columna de humo negro, «coches en llamas» y se encontró con estudiantes y personal de la universidad que corrían de un lado para otro. «La gente estaba histérica y todo el mundo gritaba», describe.
Ella, junto a otros estudiantes de la facultad de Económicas, fueros escoltados por los cuerpos de seguridad que «nos llevaron fuera del campus». A su lado, una estudiante «sangraba por culpa de los cristales» y muchos se llevaban las manos a los oídos, afectados por el estruendo de la bomba que ETA acababa de hacer explotar.
«Impotencia» es la palabra que mejor describe lo que esta joven de Gijón sintió en aquellos primeros minutos. Mientras salía de la universidad «nos preguntábamos si habría heridos graves» y qué había pasado con sus compañeros. Entre ellos Marina Moro, que no respondía al teléfono. El colapso de la red dejó a esta asturiana incomunicada durante un tiempo.
La explosión de la bomba la encontró muy cerca del lugar del suceso. «En cuanto supe qué había pasado, lo primero que hice fue llamar a mi madre y me dijo que saliera corriendo de allí», recuerda esta estudiante de Derecho Internacional, quien añade que, aunque la Policía les insistía en que se fueran, «todo era muy caótico». Con el susto en el cuerpo, cuenta Marina Moro, «me lancé literalmente dentro del primer autobús que me llevaba al colegio», relata.
Como cuentagotas, los alumnos fueron llegando a la residencia y congregándose en las zonas comunes: «la sala de la televisión era un mar de lágrimas» al saber que nadie había sufrido ningún daño, relatan. A punto estuvo Marina de «coger el primer tren y volver a casa» pero los nervios fueron dejando paso a una sensación de rabia. «Nos salvó la lluvia», aseguran. Si no hubiera llovido tanto ayer «el 'parking' hubiera estado lleno de estudiantes», afirman. Primero pensaron que el atentado podría estar dirigido contra alguien en particular. Ahora, se dan cuenta de lo terrible del suceso. «Es horrible. Iban a por todos nosotros, a por los estudiantes», concluyen.

| Comparte esta noticia -

¿Qué es esto?

Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS