«No hubo ninguna discusión porque lo único que le dije a Bilic es que me dejara tirar el penalti, que necesitaba marcar, y él me dijo que me olvidase». David Barral recordaba ayer sin resentimientos, pero con la ambición propia de un delantero nato, el anecdótico incidente que protagonizó el domingo en El Molinón junto a Mate Bilic en los instantes previos al tercer gol de los rojiblancos, conseguido al transformar el croata una pena máxima.
«Queríamos tirarlo los dos y ese fue el problema. El entrenador fue el que decidió y nada más», señalaba el bravo delantero gaditano, antes de explicar que «Sastre me dijo que el míster había decidido que lo tirase Bilic y yo me fui a mi sitio sin problemas».
El delantero de San Fernando, que venía de cuajar un magnífico encuentro en La Coruña en la jornada anterior, salió al césped de El Molinón en el minuto 63 de partido con su dosis de motivación extra habitual y con muchas ganas de demostrar a la grada y a su entrenador que se encuentra en un gran momento de forma. Pero su ambición ofensiva se encontró y chocó doce minutos después en el área del Numancia con la de Mate Bilic, que también atraviesa una muy buena etapa en el Sporting, que le ha llevado a convertirse en el tercer máximo goleador de la Liga, sólo por detrás de David Villa y Samuel Eto'o.
El atacante de San Fernando explicaba su versión de los hechos y le restaba importancia al incidente, aunque advertía en relación a las palabras de su entrenador, que hacían referencia a que había que evitar este tipo de escenas sobre el césped, que «es algo que va a volver a pasar porque la próxima vez yo voy a ir a por el balón y él también». Pese a ello, Barral volvía a insistir en que «el míster es el que decide y otro día, antes de ir a coger la pelota, miraremos hacia él».
Bilic transformó el penalti de la discordia, que Rubinos Pérez mandó repetir, y el gaditano fue a felicitarle. «Así soy yo, por dentro tengo un buen corazón, aunque él (Bilic) se crea lo contrario», declaró Barral con rotundidad al respecto, dejando clara la competencia y la puja que mantienen ambos futbolistas en el terreno de juego. «El míster debe estar encantado porque dos futbolistas se peleen por un puesto y por tirar un penalti», apostilló.
Inconformista
Sobre su suplencia en El Molinón, después de realizar un magnífico partido en Riazor, Barral reconoció que «me sorprendió un poco, pero creo que todos estamos un poco acostumbrados ya y hay que aceptarlo», y advirtió de que «yo no me conformo con ser suplente y otros igual sí, yo me pego hasta con el portero».
El delantero que estuvo muy activo durante todo el encuentro señaló sobre su participación que «no me dio tiempo a demostrar mucho, salvo en la jugada del final», y admitió que «salgo a jugar con tanta ansia y tantas ganas porque soy así».