Preciado rescató a Diego Camacho para Primera. Y fue su principal valedor, cuando el centrocampista madrileño, que había pasado con más pena que gloria en su cesión al Valladolid de Mendilibar, se veía arrastrado por la grave crisis económica que azotaba las arcas del Levante, club propietario de sus derechos.
Pero el técnico cántabro se acordaba de los viejos tiempos. De una categoría menos mediática que en la que compite ahora. Con menos glamour y más olvidada. De la etapa en la que le tuvo a sus órdenes en la Gimnástica de Torrelavega, equipo con el que logró el ascenso a Segunda B en sus inicios como técnico. Y Camacho, que tampoco le desagradaba la idea de reencontrarse con el técnico de El Astillero, recaló finalmente, en Gijón, donde ahora, después de pasar 'L'Angliru' de la Liga, atraviesa un buen momento personal. «Yo el año pasado vi mucho al Sporting y sabía donde me metía cuando fiché, porque aquí hay muy buenos jugadores y si nos lo creemos podemos hacer algo importante», opinaba ayer el centrocampista, antes de recordar que «perder cinco partidos fue muy duro y fastidiado, pero no queda otra que aceptar las cosas y tratar de cambiarlas».
Ahora, Diego Camacho comienza a tener mucho peso en el esquema de Preciado. Su veteranía, su experiencia y su aportación personal, como quedó reflejado el domingo frente al Numancia, es más que importante. Aunque él, ayer, fiel al código no escrito que rige en el vestuario, 'regateaba' los elogios con humildad y evitaba opinar sobre su grado de importancia en el éxito del equipo: «Cuando funciona el conjunto funcionan los individuos y eso es lo que importa. Creo que si analizamos a todos los jugadores a nivel individual: Kike Mateo hizo un buen partido, Matabuena también, Neru y Gerard también,... Es que todos los hicieron bien».
Desapercibido en Valladolid
Sobre el partido, el centrocampista madrileño reconoció que «fue complicado porque empezamos un poco titubeantes y las cosas se pudieron difíciles, pero el equipo metió una marcha más y creo que la victoria es merecida».
En Gijón, Diego Camacho ha vuelto a sentirse jugador y a encontrar la estabilidad. El Levante le cedió el año pasado al Valladolid, pero Mendilibar no contó demasiado con él. El futbolista se lo tomaba ayer con filosofía y sin rencor y explicaba que «cada entrenador tiene su opinión y sus preferencias y, además, no siempre vas a ser del agrado de todos».