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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 13 febrero 2012

Sociedad

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Caprile cuenta su experiencia en el cine como figurinista de 'La dama boba' con motivo de una exposición con parte de su vestuario y el de 'Camarón' en el CICA

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«Repetiría la experiencia una y otra vez. Ha sido fantástica». Con estas palabras describía ayer Lorenzo Caprile su incursión como figurinista en el mundo del cine. Fue con 'La dama boba', una comedia basada en la obra homónima de Lope de Vega, y bajo la dirección de Manuel Iborra, cuando en 2006, Caprile exhibió su talento con la aguja en la gran pantalla, mucho más allá de su atelier madrileño, al que acuden novias de todo el país para hacerse el traje de sus sueños y en el que ha recalado para ocasiones muy especiales la Princesa de Asturias.
Caprile evita hablar de su experiencia como modisto de doña Letizia, pero en los corsés creados para 'La dama boba', que lucieron en esta cinta, entre otras, las actrices Silvia Abascal y Verónica Forqué, se adivina la confección de los dos espectaculares vestidos que la Princesa, entonces sólo Letizia Ortiz, lució en Dinamarca en la boda del príncipe Federico y Mary Donaldson.
Ahora el público asturiano puede acercarse a sus creaciones, a sus juegos de colores, manejo de los encajes, tules y sedas a través de una exposición abierta ayer en el Centro de Interpretación de Cine de Asturias (CICA) y que permanecerá en Gijón hasta el último día del año.
A través de siete de los modelos empleados por los actores para la película, el CICA propone un recorrido por el figurinismo más exclusivo. El propio autor explicaba ayer en declaraciones a EL COMERCIO que «el criterio de selección de estos trajes fue sencillo. Quería mostrar un poco de cada temática y la razón por la que sólo hay uno de hombre se debe a que la mayoría se alquilaron. Confeccionamos más para las damas. Al maestro del corsé no le fue difícil adaptarse a las ideas de Iborra. «Entre otras razones, porque no me exigió realismo ni que me ciñera al momento histórico. Se trataba de crear un ambiente de fantasía tal cual es 'La dama boba', eso es bueno para la creatividad porque te permite muchas licencias». Con esas premisas, dos visitas al Museo del Prado y a «dos joyitas» como son los madrileños conventos de la Encarnación y Las Descalzas, Reales Caprile obtuvo base documental suficiente para iniciar los patrones.
A pesar de que el resultado es digno de museo, el modisto cree que «hay una leyenda negra en el cine español con las películas de época porque cuestan mucho dinero y no suelen ser un bombazo en taquilla, lo cual echa para atrás a los productores». Junto a los maniquíes de Caprile, que fueron montados durante tres días por la figurinista de ópera Azucena Rico, y que han tenido que ser asegurados por su delicadeza, se expone parte del vestuario que sirvió para llevar al cine el ambiente y la época de Camarón de la Isla. A la primera biografía del genio del flamenco llevada al cine, le salieron varios premios Goya y uno de ellos fue precisamente para su vestuario, obra de la asturiana María José Iglesias.
Cuenta la diseñadora que «fue fácil hacer Camarón porque está en las hemerotecas y todos tenemos la memoria más o menos fresca respecto a esa época».
Rastrillos y almacenes
En el filme, dirigido por Jaime Chávarri, se recrean los años sesenta, en los que el cantaor crece en San Fernando, Cádiz; los setenta, cuando recala en Madrid y tiene su primer contacto con las discotecas e, incluso, con las drogas, y los años ochenta, década en la que la enfermedad hace mella en el artista. Para lograr una ambientación adecuada, María José Iglesias rebuscó en tiendas antiguas, grandes almacenes e, incluso, confiesa, «en el baúl de casa porque tengo un almacén lleno de cosas de las que suelo rescatar algún que otro detalle».
Cada vez que la modista ovetense se enfrenta a un nuevo proyecto lo primero que hace es documentarse e iniciar una serie de bocetos para adelantar al director de la película una primera idea sobre cómo ha concebido el vestuario. Después arranca un trabajo que se mantiene durante todo el rodaje. «Minuto a minuto tienes que estar con los actores y los figurantes. Te conviertes en su sombra», dice. Detalles en apariencia pequeños, pero que pueden hacer una gran película.
Por eso el CICA ha contado con el trabajo de estos dos expertos como adelanto de un curso de indumentaria en el cine que arrancará el próximo 26 de noviembre.

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