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Cultura

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22.11.08 -

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Nuri Bilge Ceylan, el turco que hila tan fino la ética social como la estética cinematográfica, abría ayer el concurso de Gijón poniendo la cota bien alta. El título con el que llega al Festival, 'Three Monkeys' (Tres monos), ya viene premiado de Cannes y eso obliga a atender abusando de todas las neuronas. Mereció la pena. ' Three Monkeys', película reflexiva siempre, indulgente, a veces, es redonda en la realización. Concentra tanto la intención en los personajes que invita al espectador casi a vigilarlos por dentro. De enorme belleza en la fotografía (juega con una habitación con vistas cuando la cámara asume asiento y deforma el escenario estruendo de carretera y tren, cuando el objetivo se eleva a la altura de la mirada), lo que hace 'Three Monkeys', que se fractura en series de tormentas capturadas casí al óleo, es explorar la condición humana. El gran tema que aquí no se sacia con dulces sino con todos sus ruidos de fondo. Bilge Ceylan descontextualiza el mal fuera del cuerpo del malvado (un jefe que mata y pide a su subordinado asumir delito y cárcel), para meterlo en la piel común. Todos tenemos a alguien por encima, pero también a quien poder manipular bajo el zapato, viene a decirnos el turno que inaugura competición. Y lo hace de manera deslumbrante con un ritmo que crece proporcionalmente a los datos que la historia y el espectador acumulan y se detiene justo para cerrar el círculo.

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