Recibir la noticia de un cáncer o de una lesión que cambiará la vida de forma radical o la propia necesidad de atención médica de enfermos psiquiátricos. Son algunos de los campos que hacen necesaria la denominada 'psiquiatría de enlace' en los hospitales. El psiquiatra Carlos Marco San Juan, de la Unidad Psicosomática y Psiquiatría de Enlace del Hospital Clínico Universitario 'Lozano Blesa' de Zaragoza, disertó ayer sobre esta vertiente de la psiquiatría.
-¿Cuál es la situación en España de la psiquiatría de enlace?
-En unos pocos sitios hay servicios con más de 30 años. Ha comenzado a desarrollarse y está en expansión. Actualmente, el 70% de los hospitales generales ya dispone del servicio, que se le suele llamar Unidad Psicosomática o Psiquiatría de Enlace (UPPE)
-En la ponencia alertó sobre el riesgo de 'psiquiatrizar' la atención, ¿puede acentuarlo la UPPE?
-La formación de los psiquiatras nos permite saber cuándo la patología interfiere de una forma importante en la vida del paciente y debemos intervenir. Cuando nos llaman, en un 12 ó 13% de los casos encontramos una reacción normal y así lo explicamos a los especialistas. Pero hay otros casos donde se produce un cambio radical en la vida y es necesario intervenir. Por ejemplo, un joven que sufre una lesión medular por un accidente de tráfico y debe cambiar de trabajo, igual no puede formar una familia...
-¿Cómo repercute el enlace en la evolución del paciente?
-Mejora la calidad asistencial del paciente, que ve cómo no sólo se preocupan de su enfermedad, por ejemplo, un problema del corazón. También evoluciona más rápidamente y con un menor tiempo de ingreso, con lo que se reduce el gasto sanitario. Percibe que la calidad asistencial es global.
-Comentó que a veces les llaman por pacientes «guerreros o conflictivos», ¿qué sucede?
-Son casos minoritarios, situaciones problemáticas que generan alteraciones en la planta y no se debe a una enfermedad psiquiátrica. En esos casos se le explica que se encuentra en un centro y debe cumplir unas normas, le enseñamos a controlar sus impulsos. Si es necesario, se le medica.
-¿Cómo es la relación con sus compañeros?
-Nos valoran muy bien. De hecho, ellos nos piden nuestra colaboración. Les ayudamos a entender al paciente, a generar más orden en la planta, mejorar el tratamiento. Todo funciona mejor.
-Una vez puesta en marcha la UPPE, ¿es el momento de trabajar con otras realidades de los enfermos mentales transeúntes?
-No tiene nada que ver. Son procesos totalmente diferentes. La UPPE atiende a pacientes ingresados. La realidad de los transeúntes es diferente.