Al menos en el espíritu cómico se puede hablar de una fidelidad de base entre esta representación de 'El barbero de Sevilla' y la idea original de Rossini. El 'barbero' es una obra con ingrediente de provocación, con situaciones cómicas un tanto disparatadas y absurdas, tanto hace dos siglos como en nuestra época.
Ese hilar situaciones impregnadas de humor es lo que busca esta nueva producción de la Ópera de Oviedo y el Stadt Theater Bern. Mariame Clément, que hace un par de años dirigió, también de Rossini, el 'Viaje a Reims' plantea una adaptación, de la Sevilla dieciochesca a una urbanización actual. Almaviva, cuando se tiene que disfrazar de soldado, se presenta como Rambo. Rosina es una joven encerrada en su cuarto que se depila y acicala. Figaro tiene un toque canalla. Bartolo es dentista, y todo ello se desarrolla en un cubículo abierto; una especie de casa con cuadrados que van girando y adaptándose a las circunstancias.
Puesta en escena peculiar
La escenografía fue, en todo caso, objeto de dispares opiniones. De hecho, una vez cantada el aria 'Una voce poco fa' por Rosina, mientras aparentaba depilarse en escena, un espectador criticó en voz alta la puesta en escena. La división de opiniones sobre la escenografía acabó en un pateo final del público del Campoamor.
Álvaro Albiach al frente de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias se encargó de que todo encajase de una manera animosa. Se percibe que el director está a gusto. Su utilización de los 'tiempos', más moderada de lo habitual, así como de los 'crescendo' tenía mucho acierto. dio un relieve profundo y muy cuidado a los 'concertatos', caso del final del primer acto. De suyo, la 'obertura' ya fue muy aplaudida
Dentro de estos aspectos generales, debemos resaltar la grata impresión del Coro de la Ópera de Oviedo, que confirma lo que ya hemos percibido en 'The Rake's Progress»'. Tenemos coro de ópera. Coro que actúa y canta muy bien en todas sus intervenciones, siempre subrayando la acción de los cantantes.
Indudablemente 'El barbero' es una ópera que se sustenta no sólo sobre la comicidad de los protagonistas, sino sobre el buen hacer de los cantantes. Cada papel, cada aria, posee una complejidad específica. Y en general, se puede hablar de una versión vocal de alta calidad.
Simón Orfila hizo un Don Basilio muy solvente. El aria de 'La Calumnia' resultó impecable, con numerosos planos de intensidad dinámica.
Bruno de Simone nos ofreció un Don Bartolo con notas de hilaridad, sentido paródico impregnado de humor, sólido y divertido.
El barítono Pietro Spagnoli dió vida a un Figaro simpático e irónico en carácter. Flexible, ágil en cuanto a voz y moviéndose siempre bien en el escenario.
Silvia Tro Santafé como actriz y cantante representó una Rosina ideal, con una voz preciosa, facilidad para los agudos y un registro medio muy sugerente, pese a su voz de mezzo. Finalmente, el tenor José Manuel Zapat tuvo una muy buena actuación, destacando muy especialmente su intervención en 'La Serenata'.