La complicada situación económica no entiende de magia y ha llegado también al lejano Oriente. El paso de los Reyes Magos por la ciudad dejó ilusión y nervios, pero también una llamada a la comprensión para los más pequeños. «Seguramente los que sois un poco mayorcitos sabéis que hemos acabado el año con una crisis económica y aunque somos magos, también lo notamos y como no podemos dejar a ningún niño sin regalo, tendréis que conformaros con un poquito menos para que así podamos repartir para todos», explicaron Sus Majestades a la multitud que se agolpó en la plaza Mayor una vez concluida la cabalgata.
No obstante, la carroza que cerraba la comitiva lucía repleta de paquetes de regalos, con lo que a buen seguro prácticamente todos los hogares de la ciudad recibieron la esperada visita nocturna y los desayunos del tradicional roscón se produjeron entre papeles de envoltorio.
El séquito Real cruzó la ciudad dejando tras de sí una estela de emoción compartida entre el público infantil y contagiada a los mayores. Un millar de personas participaron en el desfile escoltando a Melchor, Gaspar y Baltasar, quienes a bordo de sus nuevas carrozas saludaron a la muchedumbre que desafió a la intermitente lluvia a lo largo de los cinco kilómetros de recorrido desde el barrio de Montevil hasta Marqués de San Esteban.
Carroza con hindúes
Los pastores con las ovejas y la carroza del Belén abrían la cabalgata que partió con puntualidad británica a las siete en punto de la tarde. Los burros y los bueyes precedían a la carroza de Estrella de Oriente, que guía a los Tres Magos en todos sus viajes.
Le seguía en el camino las furgonetas que transportaba todas las cartas en las que los niños gijoneses enviaron sus peticiones y preferencias y a las que algunos niños intentaron acercarse para entregar sus rezagados deseos. Entre el público, Rubén Macías, de seis años, lloriqueaba mientras le decía a sus padres que se había olvidado pedir algunos muñecos Gormiti para completar su colección. El Príncipe Aliatar hizo su aparición seguido del grupo de egipcios. El ejército romano y la banda de cornetas de Las Siete Palabras velaban por la seguridad de la carroza de un emocionado y majestuoso Melchor, que en esta ocasión recorrió Gijón subido a un transporte decorado con peces.
Gaspar circulaba a bordo en una carroza vigilada por hindúes y los miembros del ejército de Gengis Kan. Los integrantes de la banda de música de Mansilla de las Músicas, en León, anunciaban la llegada del Rey, quien saludaba a los niños a izquierda y derecha, sin olvidarse de las cientos de personas que vieron pasar la cabalgata desde las ventanas de sus casas.
El transporte del Rey Baltasar fue uno de los más aplaudido. Su Majestad viajaba en una carroza ornamentada con estrellas sonrientes. El príncipe Ben-Alí cerraba la comitiva con el camión de los regalos en el que muchos niños creyeron distinguir los paquetes que habían solicitado en sus cartas. «Mira, mamá, ese paquete rojo es el mío, tiene forma de bicicleta», comentaba un niño desde el público.
«Los que no tienen paz»
El desfile duró aproximadamente dos horas. La lluvia y el frío no desanimó a los presentes, que no defraudaron a Melchor, Gaspar y Baltasar y les arroparon para darles hospitalidad en su visita fugaz a la villa de Jovellanos en la que tuvieron un emotivo recuerdo para los más desfavorecidos. «En estos momentos de alegría y felicidad es conveniente que todos nos acordemos de los que no tienen paz, ni alegría ni libertad», señaló el Rey Gaspar.