Fue una tormenta de récord, 25 horas en las que los vientos ciclónicos golpearon Asturias con una fuerza inusitada. Los medidores situados en el gijonés puerto de El Musel registraron rachas de 190 kilómetros por hora, una cifra inédita en toda su historia. Y los enclavados en el Cabo Busto, en Luarca, dejaron constancia de que el Principado fue la comunidad azotada por las rachas más intensas de todo el Cantábrico: de hasta 198 kilómetros por hora, una velocidad extrema nunca alcanzada en la región, según los datos históricos de la Agencia Estatal de Meteorología, que señalan que el récord hasta el momento era de 8 kilómetros por hora menos. Se registraron en Oviedo en 1978.
El fenómeno meteorológico conocido como ciclogénesis explosiva se tradujo en una noche y una madrugada del sábado en las que todo voló por los aires y en las que decenas de núcleos se vieron afectados por cortes en el suministro eléctrico. HC Energía señaló Cudillero, Quirós, Cangas de Onís y Llanes como los municipios donde se registraron más averías en la red eléctrica.
Pero ninguna zona se libró de unos vientos que complicaron mucho las cosas a los equipos del servicio de emergencias del 112 y a Bomberos de Asturias. En las 25 horas que permaneció activado el Plan de Protección Civil del Principado en su nivel cero -el más bajo de los posibles-, desactivado pasado el mediodía de ayer, se registraron en la región 929 incidencias de todo tipo, aunque la peor parte se la llevaron las carreteras, que sufrieron más de 540 cortes por desprendimientos y presencia de elementos peligrosos. Los efectivos del 112 tuvieron que retirar 292 de estos elementos de las vías y limpiar otras 95. Entre las cortadas, la autovía minera, que permaneció obstruida desde las doce y las tres de la mañana por la caída de una valla publicitaria.
No sólo las carreteras se vieron afectadas, también sufrieron las consecuencias negativas del temporal las comunicaciones por mar y aire: en el aeropuerto se cancelaron los dos primeros vuelos de la mañana, el de Iberia con destino Madrid de las 7.30 horas y el de Air France de las 7.40 con destino París. Por otra parte, los puertos de Gijón y Avilés tuvieron que ser cerrados, una medida preventiva que ayer tarde todavía se mantenía en el avilesino.
Se dio la circunstancia, además, de que el temporal pilló a la región desprotegida a la hora de hacer rescates marítimos, ya que el Helimer Cantábrico, el único helicóptero que puede realizarlos en la región, estaba en Galicia cubriendo la avería del aparato destinado por el Gobierno central a la comunidad vecina.
Tampoco lo tuvieron mejor los viajeros que optaron por el tren porque FEVE se vio obligada a cortar la circulación ferroviaria entre Trubia y Grado por desprendimientos de tierra sobre la vía, y entre Pravia y Avilés por la caída de un árbol sobre la catenaria.
Lo peor, en el Oriente
Lo peor de la borrasca, que obligó a cerrar las estaciones de esquí y a circular con cadenas en el puerto de San Isidro, se lo llevó el Oriente asturiano. Allí los vientos ciclónicos dejaron tras de sí cientos de árboles caídos, además de levantar tejados, hacer volar contenedores y causar daños en propiedades públicas y particulares. Hasta el mítico toro de Osborne que saludaba desde hace años orgulloso al conductor junto a la autovía del Cantábrico, a la altura de La Arquera (Llanes), dobló ayer la rodilla ante el ímpetu del viento.
Decenas de pueblos de los concejos de Ribadesella, Llanes, Ribadedeva, Cangas de Onís, Parres y Piloña se quedaron sin luz en algún momento de la madrugada. Los árboles habían caído sobre el tendido eléctrico cortando el suministro en diferentes puntos. En Piloña, los miembros de Protección Civil retiraron a las cinco de la mañana varios cables de teléfono que impedían el paso en la N-634 a la altura de Sevares. En Infiesto, voló el tejado del colegio público y algo similar sucedió en Parres, donde los servicios de obra retiraron decenas de obstáculos.
Cabras a la fuga
En Llanes, también cayeron farolas, postes, desprendimientos de cristales en galerías, tejas y cascotes, entre ellos los del tejado del campanario de la basílica de Santa María. En el zoo de La Grandera, en Cangas de Onís, un árbol cayó sobre varias jaulas, escapándose varias cabras que fueron devueltas a su casa. Además, la falta de luz obligó a trasladar a los polluelos y huevos de la incubadora a una casa particular para mantener su temperatura junto a la chimenea.
En Ribadesella, donde buena parte de los pueblos de la zona oriental se quedaron sin luz durante horas, la falta de electricidad en la estación de bombeo de Fríes causó problemas en el abastecimiento de agua.
En términos humanos, fue Carreño uno de los concejos que más sufrió. Allí, en el grupo de viviendas sociales ubicadas en el barrio de La Cruz, en Candás, las ráfagas causaron destrozos en la cubierta, que derivaron en importantes daños en toda su estructura.
De madrugada, la cubierta metálica del edifico 'C' fue desarbolada por el viento, lo que provocó que las grandes placas metálicas impactaran en edificios contiguos, generando la alarma entre todo el vecindario. El destrozo concluyó con el desalojo de doce familias, cuarenta personas que fueron trasladadas a dos hoteles de la villa «por tiempo indefinido», señaló la directora de Vipasa, Marta Pulgar.