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01.02.09 -

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Educación para la confusión
En 1453, cuando las tropas turcas estaban a las puertas de Constantinopla, la actual Estambul, los bizantinos trataban de dirimir cuestiones trascendentales como el número y el sexo de los ángeles. A lo largo de los últimos años, cuando el sistema educativo español, masacrado e intoxicado por la estupidez e inoperancia política se encamina peligrosamente hacia el abismo, la polémica educativa más recalcitrante sigue girando sobre la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Una cuestión bizantina que se realimenta con provocaciones, deformaciones o mentiras. Puede que la sentencia del Tribunal Supremo, aún no publicada pero que rechaza la objeción de conciencia a la asignatura enfríe y apague esta polémica absurda que nunca se tenía que haber producido. Me imagino que dentro de algunos años se podrá estudiar las sandeces que tirios y troyanos dijeron sobre Educación sobre Ciudadanía solamente con el único pretexto de tirarse los trastos a la cabeza, mientras que se corre una espesa cortina de humo sobre los males reales, y son muchos, de la enseñanza en España.
Educación para la Ciudadanía es una asignatura que en el horario lectivo tiene un peso liviano. Se imparte en Secundaria una hora semanal en un solo curso (3.º de ESO) a estudiantes de catorce o quince años. Los contenidos, o sea lo se estudia en esta desenfocada asignatura no son nuevos. Una buena parte del temario se estudiaba en las asignaturas obligatorias de Historia y Geografía. Otra parte, se abordaba en Ética y Filosofía y, finalmente, otra parte se relacionaba con asignaturas como Biología y Ciencias de la Naturaleza. Por desgracia, la nueva asignatura no incluye un aspecto de la educación que hoy podrá parecer ñoño pero que cada vez se echa más en falta, que consiste en lo que antes se llamaba «Urbanidad». Es decir el «saber estar», entendido como un conjunto de normas y recomendaciones de comportamiento social y respeto a los demás. Restaurar esta asignatura de urbanidad sería una necesidad teórica y práctica.
Los temas de Educación para la Ciudadanía eran antes, lo que se ha llamado trasversales, es decir comunes a asignaturas y cursos. Luego se integraron en una nueva asignatura, en mi opinión de una manera innecesaria porque, sin polémicas y con seriedad, se podría haber continuado impartido lo mismo sin provocar una polémica que no venía al cuento y en la que se adentraron las partes más ultramontanas de la jerarquía eclesiástica y del Partido Popular.
En España la educación se usa como una de las armas de confrontación política. Y para utilizar esa arma vale todo, desde la mentira a la provocación. Ambas cosas, provocación y mentira, las utiliza, por ejemplo, Pepe Blanco -no aquel del cocidito madrileño sino éste del desaguisado de Zapatero- cuando, refiriéndose a Educación por la Ciudadanía dice que «Explicar la Constitución o simplemente como se utiliza un preservativo es algo que está de acuerdo con nuestros valores. Blanco desbarra. En «Ciudadanía» no se explica en ninguna lección como «se utiliza» (me imagino que querrá decir como se pone) el condón, eso digo yo que pertenece, mas bien a las actividades extraescolares. Flaco favor hace Blanco a la defensa de esta asignatura que, por cierto desconoce, como tantas cosas. Qué razón tenían sus compañeros de Palas do Rei cuando a este inclíto personaje le decía: ¡Pepiño, tú calla!

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