Si está interesado en hacerse con un hórreo, no tiene más que contactar con la Zona de Actividades Logísticas (Zalia). «Tenemos entre 23 y 24 ejemplares, estamos dispuestos a cederlos sin coste ninguno», anunció ayer su director general, Enrique Álvarez, quien predica con el ejemplo y presume de contar con una panera en una de sus fincas.
Lo cierto es que en la Zalia admiten que llevan tiempo intentado desembarazarse de los hórreos. Los almacenes de grano y la protección que sobre ellos pesa suponen un obstáculo a la edificación de sus sucesoras en estos tiempos: las naves logísticas. Dos de los hórreos cuya desaparición denuncian los vecinos fueron en su momento propiedad de la Zalia, «pero los vendimos a un particular», informa Álvarez.
Lejos de desentenderse de su destino, los abogados de la Zalia introdujeron en aquellos contratos una cláusula que compromete al comprador a iniciar la tramitación para que la Consejería de Cultura le conceda el imprescindible permiso para trasladar el hórreo. «No es nuestra competencia, pero nos consta que el propietario consiguió la licencia en al menos una de esas dos paneras», abundó el director general.
Un censo con 1.003
La oferta de la Zalia llega en una comarca que cuenta, según el último censo encargado por el Ayuntamiento, con al menos 1.003 hórreos o paneras. ¿Cuál es la diferencia entre una y otra denominación? «A ojos de las leyes de protección, ninguno», aclara Xosé Nel, responsable de Horru.com, un grupo que trabaja en la conservación de un patrimonio «realmente fácil de trasladar de una a otra finca».
Pese a su aspecto de mole, los hórreos, cuando están bien conservados «no tienen ni un sólo clavo, son piezas que encajan con pasadores y pernos», indica Xosé Nel. «Basta con una grúa para llevarlos, a veces sin siquiera desmontarlos», añade un apasionado que ve en esta característica «una prueba más del hito arquitectónico que supusieron».
«Marcaron época, no sólo por su utilidad para almacenar el grano. Es que, además, se convirtieron en un símbolo que evidenciaba ante los ojos de los demás el poderío alcanzado por una familia», agrega.
Hoy, además de un problema político que Principado, Ayuntamiento y Zalia tratan de aclarar, suponen un destino para inversiones protegidas. «El que se gasta dinero en la conservación de un hórreo puede desgravar luego un 15% de ello al hacer la declaración del IRPF», ilustra Xosé Nel. El propósito también goza de subvenciones. «Suelen salir ahora, en febrero, y no son muy complicadas de tramitar, basta con unas fotos, un plano y poco más», anima el responsable de Horru.com