Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 13 febrero 2012

Portada

OPINIÓN ARTICULOS

15.02.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Q UERIDA Eluana: Hace diecisiete años, un accidente de automóvil provocó tu muerte cerebral, es decir, la muerte de tu ser, de tu persona. Pero a esta terrible desgracia se sumó otra aún peor, que prolongó tu tránsito hasta hace unos días. Tu vida no murió contigo. No veías, ni oías, ni olías, ni tocabas, ni gustabas. No pensabas, ni gozabas, y ni tan siquiera sufrías. En definitiva, no vivías. Sin embargo, la Iglesia y la derecha hicieron sobrevivir artificialmente tu cuerpo durante todo este tiempo a pesar de que estabas ya muerta.
Ahora que estás, por fin, cara a cara con Dios, pregúntale si, como piensan los que creen ser sus portavoces aquí en la Tierra, tu padre es un asesino por liberarte definitivamente de una vida sinsentido. Pregúntale si, como piensa el Papa (ese que se sienta sobre una silla de oro macizo) no tenías derecho a una muerte digna. Pregúntale si, como piensa la curia vaticana, tenían que mantenerte artificialmente viva en la muerte, en contra incluso de sus propias leyes. Pregúntale si, como piensa Berlusconi y su Gobierno carca, son ellos y la Iglesia los que tienen el derecho a disponer sobre tu muerte. Yo te rogaría, querida Eluana, que cuando Dios te conteste a estas cuestiones, le pidas permiso para hacerme llegar sus respuestas. Para Dios no es difícil. En otras ocasiones ha hecho conocer su pensamiento sobre asuntos de mucha menor transcendencia para nuestras vidas.
Si Dios te contesta afirmativamente a todas estas cuestiones, si la Iglesia y la derecha tienen la razón, yo quiero saberlo, porque en ese caso renegaría de mi creador y me haría apóstata, porque no podría tener el más mínimo aprecio hacia alguien que me hace libre y que, cuando tenga que enfrentarme al final de mi existencia, no me permita ejercer esa libertad para decidir sobre las circunstancias de mi propia muerte.
Si por el contrario Dios te dice que nadie tiene el derecho a disponer sobre tu muerte, ni a mantenerla artificialmente, y que sólo tú tienes la potestad de decidir sobre ella en la forma que creas más conveniente para ti y tus seres queridos, le haces saber la necesidad de que esto sea conocido por los que creen ser sus portavoces aquí en la Tierra, porque están haciendo mucho daño a la humanidad.
Por último, quisiera decirte, querida Eluana, que te puedes sentir muy orgullosa de tu padre. Ha demostrado al mundo, enfrentándose a las instituciones más poderosas y retrógradas de tu país, el amor que te profesa. Enhorabuena, Eluana, y descansa, por fin, en paz.

| Comparte esta noticia -

¿Qué es esto?

Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS