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El actor, ahora favorito para los Oscar, participó en un controvertido combate cuando su carrera estaba en declive
21.02.09 -

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Hubo un tiempo en que una ciudad soñaba con ser Las Vegas y un actor en decadencia con llegar al olimpo del boxeo. La madrugada del sábado 13 de diciembre de 1992 Oviedo y Mickey Rourke cruzaron sus destinos. El lugar, el Palacio de los Deportes y el evento, anunciado como la velada del siglo, acabó en uno de los espectáculos más surrealistas que se recuerdan. De aquellos sueños poco queda. La repentina vocación con los grandes eventos pugilísticos de la vieja Vetusta acabó con las 'mamachichos' y los cientos de golpes que recibió el actor le alejaron de las doce cuerdas y de la lista de sexsymbols, pero le hicieron recapacitar. Tanto que 16 años después puede lograr mañana lo que no consiguió cuando se lo rifaba medio Hollywood, ganar un Oscar por su interpretación en 'El luchador'.
«Había mucha algarabía, pero no me extraña con todo lo que juntaron allí», recuerda Luis Amando García, recién licenciado por entonces y uno de los dos médicos que atendía a los púgiles a pie de ring. Tele 5, organizadora del evento, congregó en torno al actor a personajes de lo más variopinto, desde animadoras como Samantha Fox y Grace Jones a presentadoras como Loreto Valverde sin olvidar la esencia del espectáculo, con boxeadores como 'El lince de Parla', Javier Castillejo, y 'el potro de Vallecas' Poli Díaz. Para los despistados que fueron a ver boxeo el evento fue decepcionante, para los atraídos por la figura artística del actor el espectáculo colmó sus aspiraciones. «Sólo ver el calzón brillante de Versace que llevaba el norteamericano merecía la pena», señala Amando que sólo tuvo que atender a Rourke de varias contusiones y pequeñas heridas. Lo de su contrincante fue otro cantar «Tenía la cara como un mapa», dice el médico del canadiense Terry Jessmer que parecía tener la consigna de abrir bien la guardia para que impactase sobre su rostro toda la ira del desbocado Rourke. «Si lo que recibió se lo dan a alguien de la calle al día siguiente no se levanta», asegura.
«¡Tongo, tongo, tongo!» fue el grito más repetido por el público durante el combate a los que el actor respondía con cortes de manga. En primera fila, testigo de la farsa, estuvo Ismael Álvarez, hoy abogado y por entonces colaborador de un periódico regional que asistió al evento por el tirón de un actor al que admiraba lejos del ring. «Siempre intuí que volvería a ser un grande del cine», señala, sin entender nada de boxeo, pero reconociendo que lo de aquella noche poco tuvo que ver con ese deporte. «Todavía tengo fresca la imagen de Poli Díaz abalanzándose sobre Grace Jones», recuerda. De lo que ocurrió cuando se apagaron las luces del pabellón y se recogieron las cámaras de Tele 5 fueron testigos algunos locales de la noche ovetense. El actor de la mano de un 'potro' en pleno descenso a los infiernos reinó a mamporros en las barras de todos los bares que encontró abiertos. Ya lo decía Cela "quien resiste gana" y Rourke, o lo que quede de lo que pasó por Oviedo hace media vida, ha ganado. Igual mañana hasta su mundo se lo reconoce con un Oscar.

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