Mareo se despertó ayer con el cielo encapotado y con la derrota frente al Mallorca enturbiando, aún más si cabe, el horizonte. El rostro de los jugadores, muy serios durante toda la sesión, reflejaba el daño producido por el gol de Arango y el resultado adverso cosechado frente al conjunto bermellón, un equipo que ha escalado en las últimas jornadas hasta llegar al borde del precipicio.
Pese a ello, los futbolistas de la primera plantilla se conjuraron ayer para comenzar a revertir la dinámica negativa que persigue al equipo en las últimas jornadas. El encuentro frente al Mallorca, como en un pasado reciente, en la primera vuelta, en el Bernabéu, ha marcado un punto de inflexión. Los rojiblancos han tocado fondo y anuncian guerra. La primera batalla se librará en Navarra, ante un rival que ha curado muchas heridas en las últimas seis jornadas.
«Hay que ser positivos y limpiar la mente y saber que tenemos una final en Pamplona, en un campo muy difícil, y que ahora tenemos que apelar al grupo, la unidad y el carácter», señalaba ayer Diego Castro. El futbolista pontevedrés ilustraba el sentimiento del equipo. No buscaba justificaciones a la mala imagen ofrecida por el equipo. Estaba afectado por la derrota. Pero prometía lucha hasta el último suspiro de la competición. «Éste es un buen grupo, un equipo valiente y con gente comprometida y que va a dar la cara hasta el final», repetía con rabia una y otra vez. «Ahora es cuando tenemos que demostrar que somos jugadores de verdad», puntualizaba.
Diego Castro recordaba algunos instantes puntuales del encuentro frente al Mallorca. Ninguno de ellos se podía rescatar como lectura positiva, salvo que la permanencia depende aún del Sporting y que el 'gol average' con el equipo de Gregorio Manzano favorece a los rojiblancos: «Cualquiera hubiera firmado esta situación. Teníamos un colchón amplio, pero se redujo y esta dinámica negativa va a pasar y el equipo se va a hacer más fuerte».
Sobre el encuentro que se disputará en el Reyno de Navarra, el futbolista anunciaba dificultades y vaticinaba que «será complicado porque llevan seis jornadas sin perder, pero si somos capaces de adelantarnos, nos vamos a ir creciendo».
Gerard compartía la misma visión de su compañero. Huía del pesimismo y apelaba al espíritu de aquel grupo novato que logró salir del pozo cuando ya se le daba deportivamente por muerto, en las primeras jornadas de la Liga. «Somos los mismos del inicio y si lo hicimos en aquel momento, ¿por qué no lo vamos a poder hacer ahora? A nadie le gusta perder y estamos enfadados, pero también con ganas de que llegue el partido de Pamplona porque será un encuentro muy guapo».
Autocrítica
Pero no todo eran mensajes encaminados a estimular la motivación. También había tiempo para la autocrítica. El Sporting ha renunciado de forma inconsciente a su filosofía de juego y tiene que recuperarla cuanto antes: «Tenemos que mejorar porque somos un equipo que pone ritmo a los partidos, que corre y si dejamos de hacerlo nos van a ganar».
Iñaki Lafuente no vivió aquella situación, pero se ha dejado arrastrar por el dolor punzante del orgullo herido. «Hay que mirar hacia adelante porque dependemos de nosotros y no podemos perder esa ventaja que tenemos sobre los rivales. Quedan trece partidos y eso es mucho», subrayaba el guardameta vizcaíno.