por sus conocimientos de historia y por esa actitud, tan asturiana y tan leonesa, de presentir que en la plaza de su pueblo está el centro del mundo. No estoy de acuerdo en que llame a la señora consejera de Cultura mentirosa; olvidadiza, tal vez; sorprendida, sin duda. Yo, de alguna manera, también soy así, como el señor Perandones, y me da que Merdeces Álvarez también. Algo sé de historia y sé que hubo un tiempo en que asturianos, leoneses, zamoranos y mirandeses (los que hoy, de una manera u otra, seguimos conservando en distinto grado la lengua asturleonesa) éramos todos «de Llión a un lladu». La bien llamada Vía de la Plata, que no ruta, es cierto que tenía por cabeceras las ciudades de Emérita Augusta (actual Mérida) y Astúrica Augusta (actual Astorga). También es cierto que la capital de aquel pueblo que los romanos llamaron ástures, de quienes procedemos asturianos y leoneses, acabó cayendo en Astorga. Yo ya he reclamado en algún sitio de constituir en la Astúrica Augusta actual la capital sentimental de todas las Asturias y algún proyecto he presentado aquí y allá sin demasiado resultado. Ilusiones se hace uno: a un lado y a otro de la cordillera pesan siglos de olvido.
La Vía de la Plata romana iba de Mérida a Astorga y de Astorga a Mérida. Es un dato histórico incontestable. También es cierto que una de las principales funciones de la Vía de la Plata, por donde iba el trazado más estándar, recto y acondicionado, no se circunscribía a mantener unidas estas dos ciudades mercantilmente; también servía para unir regiones periféricas y remotas. El camino que se llamó Vía de la Plata ya preexistía y lo trazaron pastores. Siguió existiendo cuando ya los romanos eran un sueño de la historia: hasta 1970, hasta antes de ayer, seguían su recorrido los pastores que venían de Extremadura a su trashumancia en los puertos asturleoneses de Babia y Somiedo. La Peña Ubiña era su faro.
Todos los caminos llevan a Roma, señor Perandones; todos los caminos, por pura lógica, nos traen hasta Xixón. Está bien dar al César lo que es del César: fueron Astorga y Mérida cabeceras únicas y principales de esta Vía Romana; pero desde Astorga se partía, por el Camino de la Mesa, hasta la ribera cantábrica. Asturias fue muy romanizada, señor Perandones, tan sólo hay que fijarse en la lengua que compartimos, tal vez la más romana con la gallega de la península ibérica. ¡Si en algunos concejos, como los de Ayer y L.lena, aún pronunciamos la misma metafonía que Cicerón!
La Vía de la Plata y sus caminos me parece un buen título para esta exposición, para este plan. «Nun hai camín ensin carril», que decimos en Tinéu. Yo también reclamo la importancia de Astorga en este recorrido. Me interesa esta discrepancia por lo que supone de primer paso hacia un arreglo: ¿cuántos gijoneses conocen Astorga? ¿Aún hay alguno? ¡Qué suerte tienen los que no la conocen pues aún les guarda el mundo, para su solaz, una maravilla!
Está ahí al lado. Vayan, no lo duden. El tiempo parece haberse detenido. El hecho de ser una ciudad con arzobispo pero sin gobernador civil ha permitido que se conserve en tamaño como aquellas ciudades españolas del siglo XIX. Yo siempre que voy a Borrenes, a mi casa en el Bierzo, me detengo unas horas en Astorga. Me gusta saludar la calidad del silencio, la sonrisa del aire tan claro, ese escenario de fantasmagorías reales donde todo es posible. Otros escritores de Asturias, como Miguel Barrero, comparten conmigo esta pasión por Astorga y sus personas. En la Astorga romana estaba el templo de la diosa Astúrica, que todos los ástures de aquende y allende reverenciaban. Alguno de ellos se llevaría el culto a Mánchester, en el limes de Britania, y se haría llamar Ástur para no olvidarse de dónde procedía. Se reveló contra los romanos, que a fin de cuentas britanos y ástures no eran tan diferentes, y con el tiempo y una caña acabó siendo Ártur, el rey cuyo nombre no puede pronunciarse sin estremecimiento. ¿Cómo no iba a continuar, amigo Perandones, la Vía de la Plata hasta Noega, el castro sobre el que se creó Xixón? Daría vueltas, no lo dudo, que para llegar al promontorio donde se sospechan las islas es bueno demorarse un rato. Acuérdese de aquella cita de Plinio, que a mí me conmueve en su sequedad: «A continuación de ellos (de los cántabros) se hallan los veintidós pueblos de los ástures, divididos en augustanos y transmontanos, con Astorga, una ciudad magnífica: entre ellos están los gigurros, los pésicos, los lancienses y los zoelas». Ciudad magnífica, sin duda, no sólo cabeza de la Vía de la Plata, sino algo más. Mucho más.