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Los ríos del Oriente asturiano animan el pobre inicio de la temporada al dar sus respectivos campanos siete días después de abrirse la veda
23.03.09 -

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Los ríos del Oriente animan el pobre inicio de la temporada al dar sus respectivos campanos siete días después de abrirse la veda.
En el Sella, a las doce y media de la mañana de ayer salía un «precioso salmón de siete kilos», capturado por Alfredo Martínez Álvarez. Tras haberse resistido una semana, el campanu vio la luz cuando mordió el anzuelo de quisquilla y merucu que 'Fredi' había lanzado en la zona libre del Pozu Boguín.
«Estaba solo en esa parte del río, lancé la caña -que ya tenía el cebo puesto- a la cueva donde paran los salmones y salió, no tardé nada», recordaba en el precinto de Portazgo este pescador nacido en Gijón, pero vecino «de Oviedo y adoptivo de Cangas de Onís».
Pero la sensación para 'Fredi' no es nueva. Él también sacó el campanu del Sella en Tempranes hace nueve años. De aquella «fue mucho más fácil, porque el río estaba más bien menguado y los salmones estaban casi a la vista».
Precisamente ese coto se auguraba como favorito al inicio de temporada, pero no fue así. No obstante, «a mi me quedan por sacar otros siete salmones», recordaba el gijonés, «y pienso andarlo todo para sacarlos», incluidos «los cotos que tengo pagados para mayo, que es la mejor época para sacar salmones», decía entre risas.
Ayer 'Fredi' estaba «muy contento» y horas después de lograr sacar el primer salmón de la temporada del Sella no se preocupaba en exceso con las pujas, aunque al final su amigo 'el Marqués' se lo compró por 6.000 euros.
Cabe recordar que este pescador es muy popular en Gijón, ya que durante una década desempeñó con éxito la función de 'disc jockey' en la ya desaparecida discoteca Tik, en la zona de La Guía.
Cinco horas después
Cinco horas más tarde, llegó el turno para el campanu del río más oriental de Asturias. El Cares siempre da su primer salmón más tarde que el Sella. Y ayer, se repitió la historia, aunque fuera por horas de diferencia.
Utilizó el mismo cebo, quisquilla y merucu, empleó dos minutos más, tardó en sacarlo 12, y no era la primera vez que tenía un campanu en su poder (aunque el último se le escapara nada más picar). Eugenio González Saavedra sacó del coto de Monejo a las «seis menos veinte un salmón guapo, pero pequeño». Concretamente 4,30 kilos pesaba un pez que, por cierto, no está en venta.
Eugenio, farmacéutico de Oviedo y presidente de la territorial de hípica, dijo una vez «que nunca vendería un pez a no ser que se trate del campanu de Asturias, aunque lo haría, a lo mejor, por cumplir con la tradición».
Y no será porque no tuvo ofertas. El propietario del Hotel Covadonga de Panes le ofreció «5.000 euros. Pero lo comeré con mis amigos y mi familia, aunque aún no he pensado dónde». Eugenio llegó al Cares «por la mañana» con su hijo de 12 años y con el hijo de otro amigo. «Con ellos lo saqué», recuerda. «Fuimos para el río a las cuatro y media, eché unas varadas y a las seis menos veinte, intentando pescar en el diente de Monejo, aguantando a pulso, a media postura, conseguí que picara», narra.
«Pensé que era una trucha al picar suave», matizó. «Luego me di cuenta de que era un salmón pequeño, llamé al guarda y le dije que pesaría 4 kilos y medio». Se equivocó sólo en 200 gramos.

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