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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 13 febrero 2012

Sociedad

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La trayectoria del doctor Oliver Sacks se hizo famosa por la película 'Despertares', pero sus trabajos clínicos siguen siendo hoy un referente
06.04.09 -

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Los viajes por el cerebro
MIKEL CASAL
La popularidad de Oliver Sacks, encarnado en el cine por Robin Williams, no depende, sin embargo, únicamente de su capacidad como neurólogo, o del tipo de afecciones curiosas y desusadas que ha estudiado de modo especial, sino de su extraordinaria capacidad de convertir sus casos clínicos en historias profundamente humanas, contadas con gran calidez humana, multitud de detalles narrativos y un acercamiento profundo y empático al paciente, lo que da como resultado textos altamente informativos, pero al mismo tiempo de lectura agradable y cercana.
Oliver Sacks nació en 1933 en Londres, en una familia de médicos y científicos, lo cual ciertamente marcó el camino de su vida y de la de sus hermanos, también médicos. Su primer amor fue, sin embargo, la Química, como lo relata en su libro 'El tío Tungsteno: recuerdos de un químico precoz', que eventualmente se vería sustituida por la medicina y, en particular, la neurología. Se graduó como médico en el Queen's College de la Universidad de Oxford e hizo residencias en los Estados Unidos para obtener su doctorado. Se mudó definitivamente a ese país en 1965, estableciendo su residencia de modo permanente en Nueva York.
En 1966, Sacks empezó a trabajar como consultor neurólogo en el hospital Beth Abraham, una institución de cuidado para pacientes con afecciones crónicas entre los cuales se encontraba un grupo de sobrevivientes de la extraña epidemia de encefalitis letárgica que recorrió en la década de 1917-1928 y desapareció tan misteriosamente como había aparecido dejando atrás millones de muertos y algunos sobrevivientes. Los pacientes estaban en una catatonia o sueño interminable. Sacks consiguió contactar con las personalidades encerradas en los pacientes, y al conocer los éxitos de la L-dopa en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson, decidió experimentar con ella.
El dramático resultado fue, precisamente, el despertar de los pacientes. Con la L-dopa, Oliver Sacks logró darle otra oportunidad a estos pacientes después de 40 años confinados dentro de sus propias mentes. Sin embargo, como también ocurre en los casos de Parkinson, a la larga la L-dopa pierde eficacia, y al cabo de un tiempo los pacientes revirtieron a su estado catatónico.
Uno de los temas recurrentes de Oliver Sacks (en sus libros 'El hombre que confundió a su mujer con un sombrero' y, diez años después, 'Un antropólogo en Marte') son afecciones neurológicas que nos permiten hacernos una idea de ciertas funciones del cerebro normal por causa de lesiones o disfunciones diversas. Así, el hombre que confundió a su mujer con un sombrero era un paciente que sufría de agnosia visual, la incapacidad del cerebro de usar correctamente estímulos visuales que recibe pero no puede interpretar. Los pacientes pueden ver un objeto y describirlo con precisión: su color, su forma, sus elementos componentes, etc., pero no lo reconoce. Cuando el personaje de ese caso intenta ponerse el sombrero para irse, rodea con sus manos la cabeza de su mujer y trata de ponérsela como si fuera un sombrero, porque para su percepción todas las cosas relacionadas con la cabeza son semánticamente iguales.
Un universo propio
El universo de Oliver Sacks, el mundo visto desde la perspectiva de un neurólogo, es sin duda fascinante. Pacientes que no pueden formar memorias nuevas y viven en un presente permanente; otros que han perdido la propiocepción, el sentido de la posición de algunas partes del cuerpo respecto de otras; dos 'gemelos savants' autistas como el protagonista de la película Rainman, que se comunican entre sí recitándose números primos; personas que sufren el síndrome de Tourette o la enfermedad de Parkinson; una sociedad donde todos los miembros padecen de modo congénico acromatopsia (cegera al color), en el atolón de Pingelap en la Micronesia, y cómo han desarrollado una cultura sin colores; un hombre que siente que su pierna no le pertenece y desea que se le ampute... todo un abanico de situaciones extremas para el cerebro y la percepción humana que, sin embargo, no le quitan ni un ápice de humanidad a quienes las padecen.
Sacks no sólo relata las historias de otros. Dado que todos sus casos clínicos lo implican directamente, existe una gran dosis de autobiografía en ellos. Así, además de las memorias de su infancia apasionado por la Química, su libro, 'Con una sola pierna', está dedicado totalmente a la experiencia que sufrió Oliver Sacks al perder el control de una de sus piernas. Igualmente, en 'El hombre que confundió a su mujer con un sombrero', habla de un alumno de Medicina de 22 años de edad que después de una fiesta con el consumo de al menos tres drogas distintas, despierta para encontrase que su sentido del olfato se ha intensificado tremendamente. Años después, confesaría que el personaje era él mismo.
Los personajes-pacientes de los libros de Sacks no son sólo fenómenos que se exhiben como rarezas, son inevitablemente seres humanos, vistos como tales en todo caso y, de modo muy especial, el neurólogo se ocupa de analizar y explicar cómo los pacientes consiguen adaptarse a las más extrañas e incapacitantes afecciones neurológicas para seguir adelante con vidas felices y productivas.

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