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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Occidente

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Expertos investigan en Barcia las afecciones que sufre la planta

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El estrés es una de las enfermedades más extendidas de la sociedad actual. De hecho, incluso las plantas se ven afectadas por este mal que, en su caso, provoca la aparición de manchas circulares en sus hojas y, con el tiempo, su completa sequía.
Esto es lo que sucede con la planta del maíz, uno de los principales cultivos agrarios del Occidente, por el impacto de la sequía temprana o por el ataque de un hongo conocido como 'tizón norteño' que, en los últimos años, ha aumentado su presencia en los campos del oriente gallego y el occidente astur.
Habitual en el entorno de la Bretaña francesa y Centroeuropa, la llegada de este hongo a la comarca no tiene un proceso claro. De hecho, conocer las razones de la elevada presencia de estas cepas es una de las líneas de investigación que desarrolla el Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida) en colaboración con la cooperativa Delagro desde una finca ubicada en Barcia, en Valdés.
Antonio Martínez, miembro del equipo de investigación que dirige la doctora Nuria Pedrol, explica que el 'tizón norteño' «siempre estuvo presente, aunque en niveles muy bajos». Sin embargo, recuerda que «en 2006 y 2007 se perdieron campos enteros».
Y es que «su tratamiento es complicado, porque aunque está en la planta, sólo se hace visible en el momento de la recolección». Además, no hay fungicidas efectivos, aunque «hemos probado algunos tratamientos con resultados prometedores», sobre todo, si se inicia «cuando la planta es pequeña», explica.
Selección
Por esto, Martínez afirma que la lucha «realmente efectiva» contra el cierre de los poros de la planta de maíz, la arruga de las hojas, la pérdida de verdor y, por tanto, la pérdida de rendimiento productivo -principales síntomas del ataque del hongo-, «es la genética».
De hecho, el objetivo principal del estudio que se desarrolla en Barcia es determinar «qué variedades, de las cientos que existen, son resistentes» a las afecciones producidas por este parásito «de forma natural». Para ello, sobre una superficie total de una hectárea, hay plantadas 25 variedades diferentes de plantas de maíz.
Al tiempo, en los laboratorios del Serida, se desarrollan experimentos con climas controlados para determinar qué especies son más tolerantes a la sequía estival, una circunstancia «relacionada con la evolución de las temperaturas y la falta de lluvias».
Esta circunstancia ha tenido un gran impacto en la última cosecha, que se vio gravemente perjudicada por las inundaciones del pasado noviembre. Según explicó Martínez, «las lluvias obligaron a retrasar la plantación hasta junio, cuando lo normal es hacerlo en mayo».
Esto obligó a retrasar la cosecha que no pudo hacerse entre septiembre y octubre -el período varía en función del ciclo de floración de la planta-.«También en esto estamos haciendo estudios», señaló Martínez, que se dirigen a determinar los valores productivos y nutritivos de cada variedad.
Los resultados de estos trabajos «tratan de ser lo más aplicativos posibles para los agricultores» y podrían conocerse «a finales de esta temporada». Entonces, se pondrán a disposición de los agricultores asturianos.

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