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Cultura

29.05.09 -

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Libro de la discordia
Ayer se presentó en Gijón, en la sede del honorabilísimo Ateneo Obrero, la última obra de Pelayo Fueyo tras la reunión hace unos meses de su 'Poesía Completa' (Pre-Textos). El texto lleva por título: 'Libro de la Discordia' (Ateneo Obrero. Colección Deva). Poemas breves, hiperbreves, calaveras, muerte, risa, domesticación de tigres interiores y golondrinas en el ojal. Fueyo vuelve más Poe que nunca, al mismo tiempo que conviene recordar la propia poética de Poe, en este retorno del héroe atlante más feroz que nunca: «Todas las obras de arte deben empezar por el final».
Ajeno a poesías completas, reunidas, inmune a todo su pasado como quien dice, frío en el propio temple de su metal diario, Fueyo levanta vuelo antes de la calígine total («Contemplatio in caligine divina»; «Contemplación en la oscuridad divina», verso clásico, por un lado, tomado de aquel otro: «Qui sequitur me non ambulat in tenebris», «El que me sigue no camina en las tinieblas», que pudo haber dicho Jesús en alguna parte de la Biblia, al mismo tiempo, si me permite, que una de las preguntas del propio Poe en multitud de sitios: «Porqu la tortuga tiene los pies seguros, ¿es ésta una razón para cortar las alas al águila?». Geometría del espanto, misa negra, camisa abotonada hasta el cuello, temblor inmóvil, gato oscuro, madriguera fría, muchas cosas y todas puras en aquel que vuelve para no quedarse, en aquel que hace de la niebla otra clase incierta de hierba. Escribió el modisto Karl Lagerfeld: «La personalidad empieza donde la comparación acaba»; nada más seguro, cierto en el caso de Fueyo (quien, hace no tanto, me decía en gesto maquinal: Somos dos. El maestro «Fu» y «Yo». Fueyo o Fuiyo, sí, claro). Un libro urbano, maravilloso, eminentemente urbano, pura japonería en la ciudad de seda, jade de una piedra en ese brillo mojado de todos los resplandores, llanto de la fiera en hilo débil de tortura (el verso de Góngora por encima de cualquier otro: «Gime el lebrel en el cordón de seda»). Trago largo, espesura aceptable (San Juan en su 'Cántico espiritual': «Entremos mas adentro en la espesura»). Telúrico, matemática de frío, cuchillos disponibles, alma rota, formación y ruptura, oh, miocardio tan cercano.

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