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Asturias

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Belén Suárez y su marido Pablo adoptaron a una menor china y desde hace tres años y medio aguardan por una segunda niña
01.06.09 -

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«La espera fue dura, pero al ver a Paulina se olvidó todo»
La pequeña Paulina, con su madre, Belén. La menor fue adoptada a finales de 2004, después de 22 meses de espera y largas tramitaciones. / MARIO ROJAS
«Adoptar es un camino largo y difícil de atravesar, pero vale la pena». La ovetense Belén Suárez Prieto lo sabe porque lo ha vivido en primera persona. Ella y su marido, Pablo, son padres de Paulina, una niña de origen chino que hoy cumple seis años y que, a finales de 2004, siendo casi un bebé, hizo el viaje más largo de su vida: desde el sureste de China a Oviedo. La pequeña nació en la cuna de la revolución cultural, en Hunan, la provincia natal de Mao Tse-tung.
Paulina tenía 15 meses cuando Belén y Pablo, sus padres adoptivos, fueron a recogerla al orfanato chino. Pero bastante antes «del encuentro, en el que no podía parar de llorar», recuerda aún emocionada su madre, hubo mucho que hacer y mucho que esperar. «La decisión de adoptar ya de por sí es difícil. En nuestro caso, como no podíamos tener hijos biológicos, aunque no nos detectaron ningún problema para ello, nos decidimos por la adopción en vez de por los tratamientos de fertilidad», explica Belén.
Esta funcionaria, de 40 años, asegura que «hay que armarse de paciencia y blindarse emocionalmente, ya que es muy duro, sobre todo la espera». De hecho, confiesa que «a veces se piensa en tirar la toalla», como revela el informe elaborado entre familias adoptantes del Principado.
Pero ella y su marido no sucumbieron al desaliento. Todo el proceso les llevó casi dos años (22 meses). «Pero, cuando vi a Paulina, se me olvidó todo», cuenta. Se le olvidó el tedioso papeleo, los 12.000 euros invertidos en el viaje y en las decenas de certificaciones y legalizaciones que tuvo que tramitar para poder adoptar en China, incluido el donativo de 3.000 euros para el orfanato de Hunan. También la incertidumbre de los primeros meses. «Porque, cuando empezamos, no existía ninguna asociación de padres y no sabíamos dónde informarnos».
Y tanto valió la pena y tanto han puesto estos padres ovetenses en la balanza que van «a por la hermanita». Pero no lo tienen nada fácil. Se saben afortunados porque el tiempo de demora para su primera adopción «no fue tanto. Hay gente que está cuatro o cinco años». El endurecimiento a las adopciones internacionales de muchos países, China incluida, complica aún más un proceso ya de por sí complejo. Belén y Pablo llevan esperando tres años y medio y temen que la hermanita de Paulina «no acabe de llegar».
«Muy meditado»
A quienes están pensando en adoptar, Belén les aconseja «que sea una decisión muy meditada y que siempre miren hacia adelante». Ella lo tiene claro: «Nunca estuve embarazada, pero en el momento en que abracé a Paulina creo haber sentido una emoción tan inmensa como la de un parto».

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