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Cultura

02.06.09 -

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Se ha calificado a la 'Sinfonía Nº 2' de Brahms, de una obra amable y serena; en palabras de Hanslick un «prodigio de sol y claridad». El propio Brahms se refirió a ella como una sinfonía pequeña y alegre, inundada por el espíritu del vals. De hecho, a esta obra, en virtud de esa gracia ligera, presente sobre todo en el scherzzo o intermedio del tercer movimiento, se la denominó 'sinfonía vienesa'. Y, sin embargo, la sinfonía posee una tensión dramática y una fantasía rítmica muy lejos de lo que entendemos por apacible. Ese dramatismo, que como una corriente subterránea recorre la obra, es el que entresacó y resaltó Fabio Luisi al frente de la Orquesta Sinfónica de Viena, en una versión arriesgada, original y emocional. Se requiere mucha seguridad en sí mismo y en la orquesta para abordar una obra representativa del Brahms más clásico, desde una concepción de movida expresividad.
Luisi agita hasta la exageración el tiempo interno de la obra; contrasta las intensidades con contundencia en los fuertes, mima el fraseo con la calidad melódica y soberbia de las cuerdas, y combina la sutilidad y ligereza del color -maderas acompañadas por cuerdas en pizzicato- con la poderosa densidad sonora. Todo ello se unifica con una acusada variedad rítmica, de gran complejidad y fluidez, y un sólido sentido constructivo. El resultado fue una versión de una gran emotividad, en la que sobre una superficie serena late ese fondo meditativo y brumoso característico de Brahms. La concepción de la Sinfonía que posee Luisi es prodigiosa. La interpretación, tremendamente vital y muy sugerente. Como propina, y cerrando la temporada de conciertos del Auditorio, la Orquesta Sinfónica de Viena ofreció con una atractiva vehemencia, la popular 'Danza húngara Nº 1', de Brahms.
En la primera parte, el joven violinista ruso Mikhail Ovrutsky protagonizó el popular 'Concierto para violín y orquesta en re mayor', de Chaikovski, curiosamente una composición estrenada en Viena. De Ovrutsky, más que la técnica y el virtuosismo sin duda necesario para abordar un concierto que hace un siglo se consideraba intocable, me sorprendió el lirismo casi vocal, especialmente en la 'Canzonetta', y la riqueza y variedad del color, desde la sonoridad agitanada y cosaca, del movimiento final, a la más fina transparencia en el tema inicial. Pese a su juventud es ya hoy uno de los grandes del violín.

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