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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Gijón

GIJÓN

Abelardo del Valle, de 12 años, acabó ayer las clases después de conseguir su particular reto: ser siempre el primero en llegar al colegio. Lo ha hecho durante 600 días
19.06.09 -

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Entre el reloj y el calendario
Abelardo lee el periódico, a las 8.30 horas, en la puerta del colegio Jovellanos. / PALOMA UCHA
600 días. Con su frío y su calor, su lluvia y su sol, sus más y sus menos. 600 días madrugando. 600 días vigilando, esperando a que la puerta del colegio Jovellanos se abra. Abelardo del Valle, de 12 años, hace ya mucho tiempo que se propuso batir un récord. Quería ser el gijonés que más veces ha llegado el primero al colegio. Y ayer, último día de curso antes de abandonar para siempre el centro de sus hazañas y empezar el instituto, dejó su marca y sus 600 días (y cuatro cursos) en primer lugar.
¿El por qué? Pues porque sí, «porque el colegio no tenía ningún récord y yo pensé que podía darle uno», dice mientras espera en la calle para entrar a clase. Y punto. Hace cuatro años parecía una locura. Ahora no tiene quien le tosa. «Mis padres siempre me decían que iba a pasar frío y me iba aburrir». Pero después de vivir «a temporadas» en Rusia, con el mercurio marcando menos 20 grados, lo del frío flojo y caprichoso de Gijón no fue un problema.
Y para aburrirse tendría que volver a nacer. Porque en esos más de 30 minutos que todos los días sacó de ventaja a sus compañeros. Abelardo se dedicó a informarse sobre el mundo leyendo EL COMERCIO, a charlar con el portero -«que, por cierto, son las ocho menos cuarto y tiene que estar a punto de llegar» -y a jugar con su pelota. «El caso es que por una u otra cosa no me aburría. Esto parece muy pesado, pero no lo es tanto. Como todo, depende del punto de mira», razona.
Contó, además, con el apoyo de su tutora, Josefina Aida Sánchez, quien le «animó, pero jamás me presionó. Soy yo quien decidí continuar con esto».
Contradiciendo a todos los perezosos, Abelardo asegura que no le supone un gran esfuerzo salir de entre las sábanas: «De hecho, me despierto todos los días a las siete de la mañana, sin despertador. Supongo que será porque me acuesto pronto, a las diez y media».
Sabe que no obtendrá un Guinness, «porque para eso hacen falta inspecciones, pruebas... y yo cuando empecé con esto hace cuatro años no me lo planteaba», pero dejará el colegio Jovellanos con el orgullo de haber logrado un hito, que no consiste sólo en ser el primero: «No me importaría que alguien batiese mi marca, pero me gustaría que fuese de este colegio y un digno sucesor. Es un trabajo de puntualidad, no es fácil. Hay que madrugar todos los días y no ser un vago».
Futuro en el instituto
No hay nadie que lo sepa mejor que él, que sólo faltó a su particular cita durante el tiempo que tuvo que someterse a algunas operaciones quirúrgicas. Ahora está pendiente de una nueva intervención para solventar su pequeño problema de salud, que está seguro de superar sin problemas, por muchas razones. Porque es un valiente, porque sabe luchar, porque nunca se rinde. Y porque, si es cierto lo que reza el refranero popular sobre el que madruga, Abelardo cuenta con toda la ayuda divina. «No sé si al instituto también llegaré siempre el primero. Lo que tengo claro es que nunca llegaré el último», concluye. Casi nada. De momento, el día 22 volverá al colegio a recoger sus notas, «pero esta vez no podré adelantarme porque vamos con cita previa. Yo tengo a las 11.10. A ver qué pasa».

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