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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 13 febrero 2012

Oviedo

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Aseguran tener «miedo» y «temer las represalias» de los implicados en la muerte y descuartizamiento de María Luisa Blanco

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Puertas cerradas a cal y canto, cerraduras echadas y mucho silencio. Los vecinos del 19 de Mariscal Solís, donde en la noche de San Juan mataron y descuartizaron a María Luisa Blanco, de 36 años e impedida en una silla de ruedas, dicen «tener miedo». Ayer no abrían la puerta a cualquiera: «Estamos asustados. Tememos las represalias por haber contado a los medios de comunicación que en esa casa pasaba algo raro. Vivían entre basura y continuas riñas», comentaron. Los gritos y las discusiones de los seis habitantes del 2º A provocaron hace un par de meses un enfrentamiento con el presidente de la comunidad. «Bajó a llamarles la atención porque llevaban toda la noche dando gritos. Se dijeron de todo, pero no le hicieron ni caso», añadieron.
Decidieron entonces llamar a la Policía Local. Lo hicieron en varias ocasiones, las primeras sin éxito. «Nos decían que no podían hacer nada. Luego vinieron con aparatos para medir los decibelios, pero es muy difícil que sólo con gritos se superen los niveles permitidos. Además, cuando llegaron se callaron», recuerda una vecina, que prefiere mantenerse en el anonimato.
Una semana antes del crimen, la comunidad volvió a alertar a los agentes municipales. En esta ocación, por los malos olores. Con la llegada del calor, las moscas se arremolinaban junto a la basura y subían a los pisos superiores. El hedor «era insoportable». «Yo sólo podía abrir la ventana a primera hora de la mañana, y vivo en el 4º», comentó otra inquilina. A los ocupantes del piso la decisión vecinal no les sentó bien y fueron «a pedir educadamente una explicación». «Nos dijeron que para otra vez, antes de llamar a la Policía, habláramos con ellos».
Peleas en la vivienda
Las trifulcas no sólo eran con los vecinos. En la casa vivían la propietaria, María del Rosario Blanco, de 67 años, su hija y víctima, María Luisa, y su hermano y homicida confeso, Pablo Luis, que hoy cumple 35 años. Además, desde el pasado mes de septiembre, tres inquilinos ocupaban una de las habitaciones del piso de 60 metros cuadrados. Eran Cristian M. P., de 21 años, Jesús V. B., de 19, y su novia, Larissa L. R., de 17, todos implicados en el suceso. Hace 15 días, la Policía Nacional tuvo que intervenir por una pelea entre Pablo y los inquilinos. La riña se solucionó en el momento y no generó ninguna denuncia posteriror, según confirmaron a este periódico fuentes del cuerpo.
Así, entre riñas, amenazas, basura y apuros económicos, vivían las seis personas y el bebé que el pasado mes de mayo tuvieron Jesús y Larissa. Y así murió María Luisa, cuyos restos incompletos fueron hallados en la nevera. Según amigos de la familia, la situación era «inhumana» y María del Rosario ya no aguantaba más: «Quería echar a los tres inquilinos y hacía muchos planes, que no realizaba porque decía que les tenía miedo. Luego, salía con ellos de paseo. Aún no lo entiendo muy bien», dijo Pilar Fernández, una allegada y vecina. El principal sospechoso, Pablo, también aludió a la situación en su comparecencia ante la Policía Nacional. «Vivíamos en un conflicto permanente, se querían hacer dueños de la casa y estabamos atemorizados», aseguró. También implicó a los inquilinos que, declaró, le indujeron al crimen y estuvieron presentes en él.
Los miembros de la investigación, señalaron que casi todos los implicados son «intelectualmente débiles», y hasta que el proceso de investigación avance, los tres hombres (Pablo, Cristian y Jesús) permanecen ingresados por homicidio en la prisión de Villabona. La menor está en el Centro de Menores de Sograndio, y el Centro Materno Infantil se ha hecho cargo del bebé. Por su parte y tras declarar en el juzgado de Instrucción número 4, María del Rosario ha quedado en libertad con cargos.

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