El edificio del antiguo Banco de Gijón simboliza mejor que ninguno la profunda crisis que mantiene al sector inmobiliario español en estado vegetativo. El proyecto para transformar la emblemática sede bancaria en viviendas de lujo se encontró con complicaciones prácticamente desde sus inicios.
La arriesgada operación inmobiliaria se puso en marcha en tiempos de bonanza económica. Concretamente en abril de 2005. El constructor Luis Priede cerró con el Banco Santander Central Hispano la compra del inmueble para su rehabilitación y posterior venta como promoción residencial en el mismo corazón de la ciudad.
La familia política de Priede aportó la mitad del capital necesario para adquirir el centenario edificio, una de las joyas locales de la arquitectura modernista y señorial obra del riojano Luis Bellido González, y propició asimismo el bautismo de Caja Cantabria en el mercado inmobiliario asturiano. La otra mitad la asumió Antonio Hernández Rubiera, arquitecto de profesión y con vinculaciones sentimentales con el inmueble por ser hijo de una antigua trabajadora del Banco Gijón.
Todo empezó a torcerse pocos meses después con la abrupta salida de Priede y su suegro que, no obstante, se desvincularon a cambio de recibir varios pisos del inmueble por su parte. Hernández Rubiera decidió seguir adelante con el proyecto asociándose con el también arquitecto Luis Felipe Ceña, con estudio en Soria. La sociedad empresarial que constituyeron es la que optó por el concurso de acreedores en la primavera de 2008 ante la falta de viabilidad de la operación. Antes de adoptar esa medida se llegó a retocar el diseño original de las viviendas de alto standing para reducir su tamaño y favorecer su comercialización.
Problemas financieros aparte, la rehabilitación se prolongó bastante más de lo previsto, ya que las previsiones apuntaban a un plazo de ejecución de obra de 15 meses y aún ahora, cuatro años después de la compra, queda un 10% por ejecutar del que debe hacerse cargo la entidad bancaria propietaria.
Uno de los principales inconvenientes con que se ha topado esta exclusiva promoción residencial, además de unos precios muy alejados de las posibilidades económicas de la mayoría, es el no disponer de plazas de garaje, servicio que las agencias inmobiliarias consideran imprescindible a la hora de ofertar pisos de lujo en el centro. Y no se puede construir el aparcamiento porque las plantas de sótano están ocupadas por las cámaras acorazadas de la oficina del BSCH que permanece actualmente en el bajo del inmueble.