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Economía

11.07.09 -

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Barack Obama había advertido que la reestructuración de General Motors sería más larga y compleja que la de Chrysler, por eso ayer sorprendió el anuncio de su salida de la bancarrota, tras vender sus activos a la nueva empresa en la que el gobierno de EE. UU. será el mayor accionista.
Habían pasado 39 días desde que el 1 de junio se escribiese en un tribunal de Nueva York el réquiem de la que fuese la mayor firma automovilística del mundo. Tres menos de lo que tardó Chrysler, que ya se consideró un tiempo récord.
«Una cosa que hemos aprendido en los últimos cien días es que General Motors puede moverse con rapidez y decisión», dijo orgulloso su presidente y consejero delegado Fritz Henderson. «Hoy cogemos esa intensidad, esa determinación y esa velocidad y la transferimos de la selección del proceso de la bancarrota a la creación y operación de la nueva General Motors».
Las claves
Más pequeña, más ligera, más moderna, más rápida, más ecológica, con menos marcas. Esas son las claves de la nueva empresa que sale de las cenizas de la centenaria General Motors, con un 35% menos de ejecutivos y un 20% menos del resto de la plantilla. En EE. UU. pasará de 47 a 34 plantas para el año que viene, y de 91.000 empleados a 64.000.
Y a nivel global, se acabaron los directores regionales. Sólo habrá uno, encargado de coordinar el resto del mundo desde Shangai (China). «Tenemos que simplificar la organización», atajó el presidente de la compañía.

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