L A actuación del pasado domingo, 19 de julio, en el Branu Intercéltico en Avilés, del grupo musical luso Galandun Galundaina, con su música de raíces de Miranda do Douro, es un motivo más para sentir y entender que las raíces culturales de aquella comarca portuguesa de la región de Tras-os-Montes tienen mucho que ver con las asturianas.
A lo largo de unos ciento cincuenta kilómetros a través de las provincias de Zamora y Salamanca, el río Duero se ve hundido en un profundo cauce, agreste y grandioso, entre precipicios y farallones rocosos graníticos que llegan a tener hasta cuatrocientos metros de altura. Es el paraje que se denomina arribes y que el Diccionario de la Real Academia define como «pendientes escarpadas a ambos lados de los ríos Águeda y Duero».
Sus orillas están animadas ocasionalmente por una vegetación de robles, encinas y enebros y trabajadas en algunas zonas con bancales de vides y otros cultivos. La mayor parte de ese recorrido espectacular del río sirve de divisoria entre Portugal, en su orilla derecha, y España, en la izquierda, hasta que en la desembocadura del Águeda y entre el pueblo luso de Barca de Alva y el hispano de Vega de Terrón gira hacia el oeste y se hace completamente portugués.
Entre las numerosas pequeñas poblaciones de los Arribes, se podrían destacar dos, tanto por su importancia histórica y riqueza artística como por su tamaño y desarrollo. Son Fermoselle, en la provincia de Zamora, villa a media ladera, con una estructura urbanística llamativa que hace pensar en sus orígenes medievales, una iglesia parroquial románica y restos de un castillo que se resistió a Carlos I a favor de la causa comunera. Una tradición vitivinícola se ha desarrollado alrededor de bodegas, que modernizadas han conseguido una apreciada calidad y denominación.
En el otro lado de la raya, es Miranda do Douro la población que capitaliza la comarca. Ciudad con mucho sabor portugués, pero también con muchas costumbres y rasgos etnológicos que comparte con la vecina región zamorana de Sayago. A la vez que conserva algunas obras artísticas de autores castellanos, como el Cristo Yacente y el retablo principal de su Sé Catedral del notabilísimo escultor vallisoletano del siglo XVII Gregorio Fernández.
P osee también otros monumentos, como el Convento dos Frades Trinos, actual Biblioteca Municipal, o la barroca Igreja da Misericordia y un precioso edificio del s. XVII que era la 'Domus Municipalis' y ahora acoge el Museu da Terra de Miranda, en la plaza principal, rodeada de varias calles de origen medieval cuidadas y acogedoras, con ese aire tan extendido en todo el país vecino de las construcciones de marcos de granito y paños de pared blancos, decoradas con detalles manuelinos y ventanas troceadas en cuadros y en el mismo plano que el del muro.
Pero el monumento quizá más importante y destacable, aunque casi inapreciable para el turista, es el idioma propio de algunos miles de paisanos de la comarca, el mirandês o lhíngua mirandesa. Un idioma de origen astur-leonés que, parecido al leonés y al bable asturiano, se mantiene desde su origen medieval en los concejos de Miranda de Douro y Vimioso, extendido entre unas quince mil personas. Aunque no es idioma oficial del Estado portugués, sí está oficialmente admitido y desde el 2003 cuenta con el apoyo, la regulación y el estudio del Anstituto de la Lhíngua Mirandesa.