La comarca es cada vez un poco más solidaria. Desde que el programa Vacaciones en Paz, al que se acoge la Asociación del Pueblo Saharaui, se puso en marcha en el Oriente de Asturias, el número de niños que viene a la comarca a pasar el verano ha ido creciendo paulatinamente. Durante este verano estarán en los concejos de Llanes, Ribadesella, Cangas de Onís y Parres un total de 21 pequeños que llegan durante los meses de verano huyendo del calor insoportable que tienen que vivir en las jaimas del Sáhara. Bien es cierto que, aunque el número va creciendo, hay familias del Oriente que han dejado de acoger. Es el caso de una de Colunga que, este año, ha decidido no seguir con el programa.
Sin embargo, hay otras familias nuevas que se han decidido a probar suerte con esta experiencia «única y enriquecedora». Lo dicen ellas y también la responsable en la zona del Oriente del programa Vacaciones en Paz y miembro de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui, Gladys Menéndez. Cuenta que desde el mes de marzo el colectivo no cesa de enarbolar una bandera en aras de los derechos humanos de estos niños y sus familias, exiliados afincados en jaimas, viviendo exclusivamente de la ayuda humanitaria y luchando por sobrevivir ante vientos de cientos de kilómetros por hora y envueltos en unos calores insoportables para muchas personas del primer mundo. Su labor, además de lanzar campañas por colegios, medios de comunicación, asociaciones y ayuntamientos, también consiste en recoger material escolar o alimentos que, más tarde, mandan hasta los campamentos.
Su premisa, cuenta Gladys, se resumen en «sensibilizar al mundo de nuestra postura, la que aboga en favor de la independencia del pueblo saharaui para que Marruecos abandone los territorios ocupados». Y con la situación política, inevitablemente, llega la sensibilización humana, la que vela por dignificar en la medida de lo posible a estas familias. Éste último punto está en manos de todos, puesto que en la asociación reciben a miembros nuevos por 25 euros al año y recogen todo lo que los ciudadanos lleven a la delegación que tienen en Villaviciosa.
Allí se apunta para la acogida de niños gente «de todo tipo». Según cuenta Gladys, «la mayoría de las familias tienen hijos, aunque también hay solteros». No es tan importante el perfil de las familias como «el tiempo que tienen que tener para atender» a los niños que tienen entre siete y doce años. Esas son las edades con las que los pequeños pueden empezar a venir a España «justo en el tiempo escolar». Así que hay muchos pequeños que han pasado los veranos que comprenden entre esas edades en la comarca porque «normalmente las familias empiezan con uno y no lo dejan hasta que tiene los doce años». Cuando eso ocurre, dice Gladys, «muchas veces continúan acogiendo a algún hermano o primo». Porque en la mayoría de los casos, cuando se acoge por primera vez, suele repetirse.
En parte por el cariño que se les coge a los niños y, en parte, porque las familias también viajan hasta el Sáhara para visitarles. Es ahí cuando se dan cuenta de cómo viven. «La situación es terrible, están en un campo de refugiados, en el desierto de Argelia», explica Gladys. Los niños que nacieron allí «sólo conocen otros mundos a través del programa Vacaciones en Paz», asegura.
Sus carencias «se dan a todos los niveles» y, por eso, cuando llegan de acogida durante estos meses, «las familias aprovechan para llevarlos al médico y hacerles revisiones, ir al oculista, al dentista...» y un largo etcétera que, claro, «cuesta mucho dinero». Si, además, se suma que las familias de acogida «visten y dan de comer a los niños» y, por aquello de que son niños, les compran bicis, juguetes, algún capricho... La cuenta sube.
Pero el esfuerzo compensa. «Entiendo que es difícil», cuenta Gladys, «pero animo a la gente a que traiga niños porque es una experiencia enriquecedora para ambas partes, es una buena manera de conocer la situación del pueblo saharaui y darse cuenta de que España tiene mucho que ver en el exilio que sufren».
Los niños, y también sus familias, llevan 34 años viviendo en un lugar que para nosotros sería un infierno y, sin embargo, para ellos es su casa, su vida y también su felicidad. 'Vacaciones en Paz' es un mero tiempo de desconexión en el que siempre echan de menos a sus familias, su modo de vida. Aquí disfrutan de otra manera, pero siempre quieren volver. A casa.