L OS meses previos al inicio de Liga tienen una connotación especial. Es una etapa fundamental para cargar las pilas ante una competición cada vez más dura y más exigente. Y el duro trabajo que Gerardo Ruiz propone suele tener luego como resultado un equipo que corre tanto o más que el resto. Y eso es un seguro.
Luego vienen las declaraciones de intenciones de los protagonistas y las medias verdades o mentiras piadosas de nosotros, los entrenadores. Así, con las victorias, vemos «cómo se va plasmando el trabajo» y miramos con optimismo el futuro. Pero, si llegan las derrotas, la culpa suele ser de la carga de esfuerzo (como si el rival no lo hiciera), de lo poco que importa el marcador (no conozco a nadie al que le guste perder), y hasta algún mal resultado «estaba casi previsto», lo cual significaría que preparamos un partido para perderlo. No se lo cree nadie.
La pretemporada de nuestro Sporting, como la de todos, deja aspectos positivos para la ilusión y otros mas negativos que preocupan. Nada nuevo por otro lado.
En la parte optimista, el aumento de calidad en todas las líneas es evidente con los nuevos fichajes. En el aspecto defensivo, se ganó en centímetros en el juego aéreo y posiblemente en una mejor salida del balón si se quiere salir tocando. La mayor experiencia en la categoría del resto influirá seguramente en no cometer errores pasados.
En la parte contraria, la que preocupa, el ver sólo a cuentagotas salir a relucir la calidad que se presume en varios de los fichajes; el incidir en los últimos partidos en errores de estrategia defensiva que tantos disgustos nos costaron, y la aparente descompensación de la plantilla con varios futbolistas en algunos puestos y muy pocos en otros. Eso, y como bien dice nuestro míster, en el reconocimiento una vez más que el equipo, si no pelea a 120%, no es superior a nadie.
Yo particularmente soy optimista. No vamos a pelear con los grandes. Quizás eso necesite más tiempo y pronto podamos hacerlo. Pero hay mimbres para mantener la categoría con menor dificultad que la temporada anterior y estoy convencido de que el cuadro técnico sabrá manejar con acierto las posibilidades del conjunto
Lo que no debemos de olvidar es que una parte fundamental del éxito, además del excelente trabajo de todos los estamentos, es sin duda el apoyo sin límite de la afición. Estar en la élite es tan precioso como difícil, y desde luego que merece la pena el mayor de los esfuerzos para que los futbolistas noten el cariño y el apoyo de una afición diferente, elogiada en todo el país. Y al final, allá por junio, volveremos a cantar el 'Gijón del alma' y el 'Asturias patria querida' en El Molinón. Será síntoma de que, otra vez más, los deberes se habrán hecho bien. Manos a la obra.