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Cultura

LUIS RIBOT CATEDRÁTICO DE HISTORIA MODERNA Y NUMERARIO DE LA REAL ACADEMIA DE HISTORIA LIBRO

El académico vallisoletano ha dirigido un volumen eminente sobre la figura de 'El Hechizado'
31.08.09 -

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«Carlos II fue un personaje indeciso, pero con sentido moral»
Ribot con su libro en las manos. /SANDRA NAREDO
Editado por el Centro de Estudios Europa Hispánica, acaba de publicarse el formidable volumen -en extensión y calidad- dedicado a la figura de 'Carlos II. El Rey y su entorno cortesano'. Uno de nuestros monarcas más controvertidos, bajo la mirada atenta y especializada de los investigadores que mejor conocen el periodo en el que dejó de regir en España la Casa de Austria (1700), dirigidos por Luis Ribot (Valladolid, 1951), catedrático de Historia Moderna de la UNED y recientemente elegido académico numerario de la Real Academia de la Historia.
-Parece que fue el Marqués de Villars, embajador francés en la Corte española, quien inició los retratos negativos de Carlos II. ¿Hasta qué punto su opinión era objetiva o estaba mediada por intereses subjetivos?
-Seguramente, hubo razones subjetivas. Era descendiente de Luis XIV, y debía satisfacer a su rey. Pero eso no quiere decir que Carlos II no tuviera bastantes carencias. El juicio de Villars y su imagen terrible de Carlos II está en la pluma de muchos más. Lo sorprendente es que hay otros que ofrecen una visión mesurada. Por ejemplo, el embajador veneciano -aunque Venecia no era una República amiga- lo presenta como un hombre con gran dedicación al trabajo.
-En época más cercana, es Gabriel de Maura el gran valedor de algunas virtudes de Carlos II. ¿Ahí se mezclan también el rigor erudito y las simpatías personales?
-Influye el contexto. Maura escribe 'Vida y reinado de Carlos II', en 1942, después de la guerra civil, en la que había sufrido y le habían quemado su archivo en Madrid. Además, era monárquico. Y le complace la idea de esa reivindicación. Yo tengo dudas acerca de la afirmación de Maura, según la cual Carlos II adoptaría una decisión firme respecto de su sucesión (que entronizaría a los Borbones). Mi hipótesis es que fuera el cardenal Portocarrero quien avalara ese tránsito. Carlos II era muy dubitativo y ni siquiera acudía a las sesiones del Consejo de Estado.
-Como historiador, ¿qué suscitó su curiosidad intelectual acerca de la Casa de Austria, casi dos siglos de la Historia de España, de 1517 a 1700?
-Es una etapa de extraordinaria importancia en la formación del mundo moderno. España se convierte en el primer gran poder supra-territorial de la era moderna, con dominios en los cuatro continentes conocidos, desarrollando un refinadísimo proceso de organización política.
-¿Y es Carlos II el culpable de la decadencia de una trayectoria secular tan brillante?
-Puede considerarse que es el peor de los monarcas de ese tiempo, en disputa con Felipe III. Pero la decadencia es relativa. Habría que desligar al rey del reinado. España continúa siendo una potencia europea y mundial. Y tampoco se ha de omitir que buena parte de la recuperación económica del siglo XVIII, proviene de ahí. Es verdad que se vivió una decadencia militar y hasta cierto grado financiera. Con todo, y ampliando el diámetro histórico, Carlos II no fue el peor rey de la Historia de España. Le superan negativamente Fernando VI, Carlos IV, Fernando VII o Isabel II. Hablo de reyes, no de reinados.
-¿Es posible que la vecindad del Rey Sol, Luis XIV, ensombreciera su ya de por sí pálida relevancia?
-Desde luego, no coincidió con un paralelismo favorable, sino con el mejor rey de Francia, de una talla impresionante, como se puede advertir en la correspondencia que mantiene con sus embajadores, en la que siempre ve mucho más lejos que los demás. Y es el momento de la expansión francesa en los Países Bajos, relegando a España al papel de víctima.
-Más allá de su representación regia, ¿cuál era la personalidad, la psicología de Carlos II?
-El rey era más importante que la persona. Era la clave misma del sistema. Y eso es algo que tenía muy asumido. El personaje es complejo, indeciso, poco seguro de sí mismo y algo malformado. Pero posee un sentido moral y ético. Y tiene una formación suficiente. No era anormal. Hay motivos para la crítica, al tiempo que para salvar su dignidad. El balance del historiador ha de tomar en cuenta ese equilibrio, buscando la verdad, pese a que para la opinión pública prevalezcan aspectos anecdóticos, como su creencia en la presencia del diablo, que le vali ó el sobrenombre de El Hechizado. En aquella época, todo el mundo creía en las intervenciones del diablo.
-¿Fue tanta la influencia que ejerció su segunda mujer,Mariana de Neoburgo, sobre la voluntad del rey?
-Hay quien certifica esa dependencia. No obstante, hay acontecimientos, así el de su oposición a que salieran de España cuadros de Rubens, en contra de los deseos de su esposa, que apuntan a una influencia que tenía excepciones.
-¿Mantenía buenas relaciones con el mundo del arte?
-Heredó la afición de su padre, Felipe IV. Fue decisiva su intervención en la restauración de El Escorial, tras un incendio. Las obras de arte eran para él un legado de sus antepasados, un patrimonio intocable. Y fue sin duda el rey más retratado por los pintores.

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