Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 11 febrero 2012

Cultura

MARTES SIN PÁJAROS

08.09.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
El lamento del perezoso
Vuelve Sam Savage a la escena literaria española: mecánico de bicicletas, pescador, carpintero, tipógrafo, doctorado en Yale, autor de esa novela/fábula llamada 'Firmin' (bella, otoñal y sobrecogedora estampa o caricatura de cuanto implica la vida dentro de la literatura...). La nueva entrega no merece desperdicio: 'El lamento del perezoso' (Seix Barral). Savage, calificado por la crítica sin miedo al escándalo, casi puro infarto o cinemascope: «Baudelaire deshojado por Lou Reed»; «Firmin, la rata que hubiera inventado Walt Disney si hubiera sido Borges». Precioso díptico ('El lamento del perezoso', 'Firmin') sobre el proceso de demolición de una vida dentro del embrión literario, resistencia a todos los niveles, la comedia de la caída, esa luz y alimento y misterio que nos lleva a leer/escribir fuera de toda prudencia, de la mínima cautela. Novela epistolar, humorística, sobre un director de cierta publicación literaria, venida a menos, rendida en fracaso, abocada a su fin, pero sin merma alguna en ilusión y coraje de quien lleva toda una vida al frente de lo ya supuesto: reseñas, envíos, peticiones, títulos y más títulos. Frases por las que comienza todo resquebrajamiento íntimo: «No es tanto la lluvia como el silencio que ésta trae consigo»; «Es extraño que los rasgos más irritantes de las personas que amamos se vuelvan simpáticos en ausencia de los causantes, de tales personas»; «Las arañas, al morir, recogen las patas debajo del cuerpo y se arrugan. De hecho, parecen empequeñecerse, como si se les hubiera escapado el aire»; «Durante una temporada, la desesperación me crece como los hongos y se expande por doquier; a la temporada siguiente, la dicha resplandece como una hilera de botones recién pulidos (los días, unos detrás de otros, quiero decir)». Las obras de Savage van justo ahí, a ese terreno donde la vida acaba y el arte, como aerolito o dolmen, parece surgir bruscamente, casi como última exhalación. Libros sobre la persistencia, entre el tedio y la desesperanza, la lubricidad del moho que, hoy en día, salpica y tiñe cualquier veta de humanismo o cultura allá donde ésta surge. Savage sin doma alguna: «Siempre empiezo la noche de espaldas», «Las heridas de la niñez nunca se curan», etc etc. ¡Apoteósico!

| Comparte esta noticia -

¿Qué es esto?

Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS