«Filipinas me ha ayudado a ser mejor»

Sara, en el centro, en Bataan, rodeada de niños.
  • Sara Nicolás González, en Manila

  • Después de un año y medio trabajando en Washington en el Banco Interamericano de Desarrollo, tomó rumbo a Filipinas para trabajar en el mundo de la moda

Sara Nicolás González (Gijón, 1989) tenía el trabajo perfecto en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington pero un buen día de hace dos meses decidió que la perfección no está ni en un buen sueldo ni en un cómodo despacho. Cogió la maleta y se fue a Filipinas. Allí está desde entonces trabajando en el mundo de la moda.

Esta gijonesa licenciada en Administración y Dirección de Empresas ya sabe desde muy joven que el mundo es muy grande e inmensamente interesante. Por eso estudió un año enla Universidad de Maastricht (Holanda) y más tarde un curso intensivo de finanzas en la Universidad de Nueva York. Luego llegaría Washington: «Recibí una de las cuatro prestigiosas becas que la Universidad de Oviedo otorga para hacer un periodo de prácticas en el BID», relata. La duración era de seis meses pero a los tres ya le ofrecieron un contrato. Firmó y durante año y medio disfrutó de la capital federal. «Trabajar en Washington D. C. en un banco tan importante como el BID no es fácil, la presión es muy grande, pero es una oportunidad única», revela. Pero llegó un momento en que decidió tomar otro camino. «Yo sabía que no era lo que realmente me gustaba, lo que quería hacer era trabajar en la moda».

Su destino fue Manila. Allí vive su novio y tenía contactos que la podían aproximar a lo que es su trabajo soñado y, además, después de vivir en Europa y Estados Unidos, quería experimentar Asia. Se movió y en una semana tenía trabajo como estilista: «Básicamente decido la ropa que los modelos llevan para anuncios de televisión, revistas... A día de hoy, y tan solo dos meses desde mi llegada, ya estoy trabajando con uno de los grandes nombres de la industria, haciendo de estilista para grandes desfiles de moda por todo el país y trabajando con los mejores diseñadores asiáticos».

Está encantada. Porque además sus perspectivas de futuro son ambiciosas: «Mi sueño es llegar a trabajar con las grandes firmas de moda, y poder impulsar mi proyecto perosnal: un servicio de consultoría de moda online». Se llama 100 flavors and then some (www.100-flavors.com). «La idea es hacer del concepto de estilista personal o personal shopper un servicio al alcance de todos, que cualquier persona puede recibir asesoramiento sin necesidad de gastarse una fortuna», señala. Es también este espacio su blog personal en el que narra sus aventuras en la moda y en el paradisiaco archipiélogo.

Filipinas es un paraíso. Pero también es un país duro. «Creo que Filipinas me ha ayudado a ser mejor persona. En Estados Unidos trabajaba por el desarrollo pero lo hacía bajo la comodidad de mi oficina en Washington. Ahora he visto la necesidad de verdad, imágenes que jamás se borrarán de mis retinas».

Sara colabora con una fundación y está involulcrada en proyectos de desarrollo del país. «Me preocupan sobre todo los niños, por ser los más vulnerables, y porque al final van a ser ellos los que decidan el futuro del país», afirma. No es fácil vivir en Manila, ciudad caótica, en la que el lujo y la pobreza extrema se dan literalmente la mano. «Es algo a lo que jamás podré acostumbrarme», dice.

Sostiene Sara que Filipinas es un destino turístico fantástico, aunque no es el mejor lugar para encontrar trabajo. Es un país emergente, con sueldos bajos y en el que, pese al pasado colonial, nadie habla español. «Nos tienen en muy alta estima, es un pueblo muy amable, no hay rencor con el pasado colonialista».

La distancia genera añoranzas - «aunque suene a tópico, la familia y los amigos, a veces daría todo por un abrazo de mi madre»- y aporta una visión de España distante y triste: «Es una pena ver cómo todos esos jóvenes altamente cualificados tienen que abandonar su país, su gente.... Ojalá esto acabe pronto».

Mientras la crisis termina, ella sigue persiguiendo su sueño, reservando en su maleta un hueco para el jamón serrano y el queso manchego en cada viaje de vuelta y soñando con el arroz con leche. «He recorrido medio mundo y puedo decir que en ningún sitio se come como en España, y en especial en el Norte».